Entrevistas

Las generaciones jóvenes envejecen más rápido, pero aún así viven más años: una experta en genética explica por qué sucede

Un abuelo y su nieto
Un abuelo y su nieto. Kampus Production/Pexels
Compartir

Hace unos meses, la revista Nature publicó un estudio en el que mostraba que las generaciones más jóvenes envejecen más rápido por dentro. Un dato que contrasta, por otro lado con el aumento de la esperanza de vida que parece ir en dirección opuesta.

Como una cosa es vivir más y otra es vivir "en condiciones óptimas", Amparo Tolosa, directora científica de Genotipia, explica cómo esto es posible.

PUEDE INTERESARTE

No hay una única causa, pero se apunta a varios factores

Tolosa destaca que “el trabajo es observacional, todavía no se puede señalar a una causa”. Sin embargo, pone encima de la mesa la siguiente cuestión que probablemente "se deba a un efecto acumulado de diferentes factores. Existen algunos candidatos como la obesidad y las alteraciones metabólicas, el sedentarismo, la alimentación poco saludable, la falta de sueño, el estrés crónico y la exposición a contaminantes”.

También está la cuestión del envejecimiento per se respecto a la edad: “No es que todas las personas envejezcan más rápido a nivel biológico que cronológico. Lo que sí se ha encontrado recientemente es que en las generaciones más jóvenes hay más de una señales de envejecimiento de las que había en generaciones anteriores".

PUEDE INTERESARTE

Lo que nosotros tenemos, pero nuestros padres y abuelos no

¿Qué tenemos nosotros que nuestros padres y abuelos no tuvieron para que envejezcamos más rápido? O, ¿qué tenían ellos que nosotros no tenemos para que, aparentemente, se ‘conserven’ mejor? Preguntada por ello, la experta explica que "las generaciones actuales estamos expuestas (y desde edades muy tempranas) a mucho más sedentarismo, dietas ultraprocesadas, mayor incidencia de obesidad, falta de sueño, estrés crónico o contaminación”.

Pero también expone que, en la otra cara de la moneda, que "contamos con ventajas como mejores condiciones sanitarias, vacunas, antibióticos, detección precoz y tratamientos eficaces, en mayor o menor medida, frente a enfermedades cardiovasculares, infecciones y cáncer”.

La balanza, de acuerdo con la experta, se compensa: “por eso vivimos más años, aunque no siempre con mejor salud”.

Vivir más años envejeciendo antes “no es contradictorio”

Otro de los puntos de partida que Tolosa desataca es que no es lo mismo el tiempo que la ‘cantidad’ de envejecimiento. Y así lo ilustra: “la esperanza de vida mide cuántos años vivimos, mientras que el envejecimiento biológico refleja cómo llegamos de bien o mal a esas edades. Los avances han reducido muchas muertes prematuras y permiten controlar enfermedades que antes resultaban mortales”.

Por otra parte, el avance tecnológico y sanitario no es infranqueable: “no evitan la aparición de alteraciones metabólicas o enfermedades asociadas a nuevos estilos de vida que aumentan sedentarismo o el estrés crónico, por ejemplo”.

Así pues, hace énfasis en un tercer concepto que aúna el vivir más con el vivir bien: ”esperanza de vida saludable”. “Mide cuántos años de salud puede llegar a tener una persona. La esperanza de vida saludable ha aumentado más lentamente que la esperanza de vida. Por eso ahora el objetivo es añadir años de salud a la vida”.

La buena noticia: podemos ralentizar el envejecimiento

Aunque tengamos elementos en contra, como algunos de los factores ambientales como pueda ser la contaminación, Tolosa explica que sí hay formas de envejecer “más lento”. Y no hay otra fórmula que la de cuidarse: “Hay que actuar de forma sostenida sobre varios factores de riesgo a la vez: seguir alimentación saludable, mantenerse físicamente activos con ejercicio aeróbico y de fuerza, no fumar ni exponerse al tabaco, dormir bien, mantener peso saludable, controlar glucosa, controlar presión arterial, además de preservar las relaciones sociales, cuidar la salud mental y mantener la actividad cognitiva. También es fundamental participar en los cribados recomendados y realizar revisiones médicas adecuadas. Si queremos reducir la lista, hacer ejercicio y dormir y comer bien deberían ser prioritarios”.

Matiza que “estas soluciones son generales” y que “es posible personalizar muchas de ellas para cada caso individual”. Pero advierte: “conviene desconfiar de las soluciones milagro; hoy no existe una pastilla antienvejecimiento demostrada para personas sanas”.