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La temperatura ideal del calentador y del termo para ahorrar energía sin perder comodidad

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Caldera de gas. EUROPA PRESS - Archivo
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Existe un mando en casi todos los hogares españoles que casi nadie se atreve a toquetear después de la instalación del técnico de turno. Nos referimos al termostato del calentador de gas o del termo eléctrico. Se queda en el número con el que nos lo dejan, se ignora durante años y solo recordamos de su existencia cuando el agua sale hirviendo, cuando se acaba a mitad de ducha o cuando la factura eléctrica de invierno se desboca. 

A pesar de todo esto, ese pequeño dial regula probablemente el segundo mayor consumidor energético del hogar. Según los datos del IDAE el agua caliente sanitaria representa cerca del 26% del consumo energético total de un hogar español, solo por detrás de la calefacción. Saber regularla correctamente puede suponer un ahorro importante a lo largo del año, sin que se noten diferencias en el confort de la ducha.

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Las temperaturas perfectas en cada caso

La recomendación oficial del IDAE distingue entre los dos grandes sistemas del mercado español y establece dos umbrales bien definidos. Para las calderas de gas, tanto atmosféricas como estancas, mixtas o solo ACS, la temperatura óptima se sitúa entre los 40 y los 50 grados. El agua a esa temperatura llega ya al grifo directamente lista para su uso, sin necesidad de mezclarla con agua fría. Esto no solo ahorra energía, sino que suaviza las oscilaciones bruscas de temperatura que se producen cuando alguien abre otro grifo en la casa. Además, también alarga la vida útil de la caldera al reducir la calcificación de sus componentes.

Para los termos eléctricos, los que trabajan por acumulación en un depósito, el rango recomendado se eleva a 55-60 grados. La razón es que la capacidad de almacenamiento del depósito es limitada y necesita mantener la reserva a una temperatura suficientemente elevada para poder mezclarse después con agua fría y aun así llegar a los 40 grados de consumo real en el grifo. Bajar de esa horquilla puede provocar que el termo se quede corto ante una demanda simultánea de varios grifos, y que el agua almacenada baje del umbral crítico bajo el que proliferan las bacterias.

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El motivo por el que no conviene bajar demasiado

La bacteria Legionella pneumophila encuentra en los depósitos de agua caliente su hábitat ideal cuando la temperatura oscila entre los 20 y los 45 grados. De esta forma, por debajo de 50 grados, el riesgo de proliferación aumenta significativamente. 

Por eso los especialistas recomiendan no bajar nunca del umbral de los 50-55 grados en los termos y activar cada pocas semanas o meses el llamado ciclo antilegionella, un programa que muchos aparatos modernos incorporan y que eleva la temperatura del depósito por encima de los 70 grados durante un tiempo determinado para desinfectar el circuito interno. En los termos que no llevan esa función automática, basta con subir manualmente el termostato al máximo una vez al mes.

Por qué no compensa subir de 60

En el extremo opuesto, mantener el agua por encima de los 60 grados tampoco es buena idea. En primer lugar, por seguridad, ya que el agua a 60 grados o más produce quemaduras graves en cuestión de segundos, que son especialmente peligrosas para niños y personas mayores. 

En segundo lugar, por eficiencia, dado que cada grado adicional exige más energía y acelera la formación de sedimentos calcáreos que reducen la vida útil del aparato. Las estimaciones afirman que cada 10 grados menos de temperatura ajustada en el termo suponen alrededor de un 5% de ahorro energético.

Excepciones que obligan a subir algunos grados

Existen tres situaciones concretas en las que compensa desviarse ligeramente al alza. 

  • Si el cuarto de baño está muy alejado del termo o de la caldera, las pérdidas térmicas del recorrido por las tuberías, especialmente en viviendas con circuitos mal aislados, obligan a subir uno o dos grados el umbral para que llegue realmente caliente al grifo. 
  • Si el termo tiene poca capacidad y se prevé un uso intensivo puntual, como invitados en casa, varias duchas seguidas, es conviene subir la temperatura y así el agua caliente se puede mezclar con más agua fría y obtener así un mayor caudal utilizable.
  • Por la ya citada desinfección periódica antilegionella.