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David Lladó, el ultracorredor que descubrió a los 49 años que era autista: "Me di cuenta de que no era mi culpa"

David Lladó durante una de las carreras de montaña en las que participa
David Lladó durante una de las carreras de montaña en las que participa. (Foto: cedida)
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Si Al Pacino tuvo que ir "pulgada a pulgada" hasta ganar su partido en 'Un domingo cualquiera', David Lladó ha tenido que ir centímetro a centímetro hasta lograr el suyo. Pero, a diferencia del popular actor de East Harlem, la distancia del corredor catalán no se ciñó a las 120 yardas de un campo de fútbol. Ni siquiera a los 246 kilómetros que tuvo que completar para terminar la Spartathlon, una de las carreras más duras del mundo que une Atenas y Esparta. Su verdadero desafío ha sido otro, mucho más complejo que cruzar la meta griega: entender por qué durante décadas sintió que no encajaba.

La respuesta llegó a los 49 años, cuando recibió un diagnóstico de autismo. Una revelación tardía que le supuso una liberación, como cuenta en su libro 'Kilómetros infinitos' y como revela en conversación con Uppers: "Cuando me diagnosticaron sentí dos cosas. La primera es de alivio, de saber realmente que muchas de las cosas que no encajaban tenían una explicación. Y la segunda, una frase que nos viene a muchos: 'Hostia, no era culpa mía'".

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Esa doble sensación de alivio no elimina las dificultades, porque "es una putada", como él mismo reconoce, pero sí le ayudó a entenderse y a canalizar esa nueva realidad. En ese proceso también influyó un reto tan extremo como completar la misma distancia que, según la leyenda, recorrió Filípides entre Atenas y Esparta en el año 490 a. C.

"Yo haría lo que fuera por no haber nacido autista, porque me ha comportado, me comporta y me comportará un montón de problemas hacia el resto de personas, pero ya que lo soy, el autismo te proporciona una serie de cosas que, bien conducidas y bien entendidas, las puedes utilizar como herramientas increíbles". Y entre esas herramientas puede estar la obsesión. "Esa manera de volcarte al máximo en un único tema, pues gracias a eso puedo hacer cosas increíbles, como, por ejemplo, hacer la carrera más difícil del mundo".

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Esa sensación de ser diferente le acompañó prácticamente desde la infancia. "Desde que soy niño realmente sentía estar como construido con otro molde respecto al resto de personas. Desde toda la vida me he sentido fuera de lugar", recuerda.

Solo cuando tenía 48 o 49 años empezó a sospechar que podía haber una explicación detrás de esa percepción constante de extrañeza. "Siempre pensé que era culpa mía, que yo no funcionaba bien o que algo en mí no funcionaba bien. Y cuando vi una descripción del autismo dije: 'Hostia, pues a lo mejor no era culpa mía, sino simplemente soy diferente, igual que millones de personas en el mundo'".

El momento del diagnóstico

El clic definitivo llegó durante una charla impartida por una neurobióloga. Hasta entonces, como muchas personas de su generación, asociaba el autismo a una imagen muy concreta. "En los años 80 teníamos la concepción del autismo muy marcada por Rain Man. Ni de lejos pensaba que eso podría estar relacionado conmigo".

Sin embargo, aquella conferencia le abrió una puerta inesperada. "Mostró todos los diferentes rangos del autismo y ahí dije: 'Hostia, esto sí que está perfectamente en sintonía con lo que yo soy, con lo que yo siento y con lo que yo experimento'. A partir de ahí empecé a investigar y acabé en las manos de un profesional".

David Lladó durante la Spartathlon

El libro surgió a raíz de ese proceso de descubrimiento. Más allá del relato deportivo, Lladó quiso poner el foco sobre otras personas que, como él, habían pasado buena parte de su vida sin comprender lo que les ocurría. "A raíz del diagnóstico empecé a conocer gente autista y vi que eran personas absolutamente maravillosas, súper ricas interiormente, leales, honestas, gente en la que puedes confiar. Y muchos de ellos están muy jodidos. Desde personas diagnosticadas erróneamente y medicadas de manera muy agresiva hasta gente completamente amargada por culpa de no saberlo".

Lejos de presentarse como un modelo a seguir, insiste en que su intención es ofrecer otra perspectiva. "Yo no soy un ejemplo para nadie de nada, pero hago cosas locas como correr quizá la carrera más difícil del mundo y algunas de las características del autismo me ayudan a eso. Intento mostrar que el autismo es una putada, pero ya que lo eres, pues aprovecha lo que te da".

En ese sentido, la Spartathlon se convirtió en una demostración de cómo algunos rasgos, correctamente entendidos, pueden transformarse en fortalezas- Sobre todo lo que Lladó llama obsesividad o " esa manera de volcarte al máximo en un único tema".

Porque recorrer 246 kilómetros bajo condiciones extremas requiere mucho más que una buena condición física. "Lo más duro es prepararla. Llegar a estar en una forma física para tener posibilidades de acabar algo así requiere una preparación extrema. Y cuando digo extrema, no exagero". Desde que decidió participar hasta que logró terminarla transcurrieron cinco años de entrenamiento.

Y no solo la obsesividad jugó a su favor. También su relación con la soledad. "Los autistas estamos acostumbrados a estar con nosotros mismos. Y eso, durante 246 kilómetros, casi no representa un problema. Para otra persona quizá sería un inconveniente supergrave. Para nosotros es casi estar en casa".

El manual de instrucciones incorrecto

El diagnóstico también cambió profundamente la manera en la que entendía sus relaciones personales. "No es que tengamos una enfermedad ni una discapacidad siquiera, sino que procesamos la información de manera diferente". Para explicarlo utiliza una metáfora sencilla. "Es como si nacieras, te dieran las piezas de un mueble de IKEA y un manual de instrucciones que no es el tuyo. Empiezas a montarlo y te lías a martillazos para que las piezas encajen. Hasta que, con 49 años, te dicen: 'No, si es que el manual de tu mueble no era este, era este otro'. Y entonces las piezas encajan de manera mucho más fácil".

Esa culpa que arrastró durante años es la que ha empezado a dejar atrás. También gracias a la escritura. Porque redactar Kilómetros infinitos supuso un ejercicio de introspección para el que no estaba preparado. "Una de las cosas típicas del autismo es la alexitimia, la dificultad para poner palabras a tus sentimientos. Con el libro tuve que hacer arqueología de mis propios sentimientos. Ha sido casi hacer terapia conmigo mismo".

Es como si nacieras, te dieran las piezas de un mueble de IKEA y un manual de instrucciones que no es el tuyo

David Lladó

Después de completar la Spartathlon y de escribir sobre todo lo que descubrió durante el camino, Lladó asegura que lo que más ha cambiado es la forma en la que se trata a sí mismo. "Ser más tolerante hacia mí mismo y hacia los demás. No ser tan exigente conmigo mismo y saber que hay cosas que me costará mucho hacer y otras que incluso no seré capaz de hacer. Pero, como decía antes, no será culpa mía".

Eso no significa que no exista cierto dolor al mirar hacia atrás. "Cuando me diagnosticaron, uno de los pensamientos que me vinieron fue: 'Hostia, qué putada no haberlo sabido'. Mi vida habría cambiado radicalmente si me hubieran diagnosticado con siete años". Sin embargo, prefiere quedarse con lo que todavía está a tiempo de construir. "Existe esa tristeza por no haber sido diagnosticado, pero ya que lo tengo ahora, pues intentar mejorar todo lo posible a partir de aquí".

Y quizá esa sea la verdadera meta que persigue ahora. No otra carrera imposible ni otro récord improbable. Después de recorrer los 246 kilómetros de la Spartathlon, David Lladó ha descubierto que el siguiente reto no está en ningún mapa. "El siguiente reto es el más importante, que es descubrirme a mí mismo con mayor precisión. Hacer una carrera interior, ahora toca".

¿Y es más difícil preparar esa carrera que las piernas para afrontar una prueba extrema? "Completamente. Mirar hacia dentro es extremadamente difícil porque ni nos educan para ello ni estamos habituados. Y en este mundo cada vez es más difícil porque tenemos más cosas que nos llaman la atención fuera".