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Tras ser testigo de la lapidación de su madre, María Magdalena se marcha a Jerusalén. Una vez allí, se instala en palacio, donde conoce a Herodes y a Antípatro, el heredero del Rey, que queda prendado de su belleza. Tras dedicarle un sensual baile, Magdalena yace con Antípatro. "Parto a Roma y quiero llevarme un recuero hermoso", le dice el heredero al trono.
























