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Viajar

Viajar es conocer, y conocer es amar.
Viajar es aprender, y aprender es admirar.
Viajar es compartir, y compartir es respetar.
Viajar nos abre la mente, salir del cascarón y darnos cuenta de lo pequeños que somos. Vemos distintos paisajes, distintas culturas, distinta gastronomía, gentes distintas y todo ello nos hace crecer como personas.
Viajar es cultura de esa que no se enseña en los libros, de esa que aprendemos al inmiscuirnos en ella, al ser protagonistas de esa historia.
Desgraciadamente no he podido viajar todo lo que hubiera querido, sin embargo sí voy a hablaros de dos lugares increíbles de nuestro maravilloso país:
Conocí en el norte de Navarra el Valle de Baztán. Es un lugar tan hermoso que parece que lo hayan pintado. Se diría que se trata de un decorado para una película de Heidy. Cientos de tonalidades de verde cubren las montañas, los valles, los bosques,... Las casas y caseríos se integran perfectamente en el paisaje. Sus balcones adornados con flores rojas, malvas y rosas, todas iguales; madera y piedra, elementos naturales y sensación de “para siempre”. Antiguos palacios y casas señoriales se encuentran aquí y allá, grandes, hermosos y exquisitamente conservados.
El Bidasoa en su tímido nacimiento, riachuelos de agua cristalina que se deslizan entre los árboles produciendo un suave sonido, un suave tintineo que tranquiliza al espíritu. Capillitas entre las rocas, en cuevas, cuidadas primorosamente por las gentes del lugar y majestuosas iglesias tan antiguas como artísticas, lugares en donde se respira recogimiento y devoción. Y cementerios bellísimos (sí bellísimos) con sepulturas tratadas con mimo, llenas siempre de flores; lugares pequeños que te inundan de un profundo respeto y una gran paz.
Es lugar de tradiciones y de arte, tierra de escritores y poetas, de músicos y pintores, de escultores y grandes voces. Un lugar de gentes generosas, de amigos “para siempre”.
Una gastronomía de huerta, buenas carnes y mejores vinos, no en vano se encuentra tocando el País Vasco y el sur de Francia. Sus caballos autóctonos, pequeños y panzudos, se crían exclusivamente por tradición para adornar el paisaje. En cualquiera de los verdes prados que están por todas partes ves pastar vacas con sus terneros, mientras que las ovejas y sus corderos aparecen en las montañas de tal manera que para el viajero parecen “pins” colocados estratégicamente para embellecer el lugar.
El Valle de Baztán posee un micro clima que le hace misterioso y único, como únicas son sus buenas gentes, atentas y generosas donde las haya y con este “no sé qué”, este señorío que reviste a las gentes del norte.
Merece la pena visitarlo con los ojos bien abiertos y el estómago vacío, para poder disfrutar de todos y cada uno de los placeres que esta tierra y sus gentes nos pueden ofrecer. Yo sólo puedo dar las gracias a Dios por ser capaz de crear tanta belleza y tanto sosiego, y a los baztaneses por su hospitalidad y por los valores que me han enseñado. Siempre les llevaré en mi corazón.
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Y del norte al sur, muy al sur, a unas islas maravillosas que están más próximas al continente africano que a Europa: Las Canarias. Y de ellas Gran Canaria, mi segunda patria, porque es el lugar que más veces he visitado y donde tengo una familia, en Ingenio, que es como la mía. Pero hoy hablaré de un lugar muy especial, que se halla al sur de Gran Canaria: Mogán.
Gran Canaria reúne el desierto y el oasis, el frío del norte de la isla, con el calor del sur. Sus gentes comparten todo lo que tienen con el viajero. Son abiertas y alegres. Allí nadie es extraño.
El atlántico se muestra en todo su esplendor. No hay industrias contaminantes, por lo que el cielo es parte protagonista del paisaje. De día es de un azul que “duele” y de noche puedes contemplar las estrellas de forma tan nítida, que se diría que lo haces a través de un telescopio. El aire es puro. Todo huele a mar y a inmensidad; te sientes vulnerable al encontrarte en un pequeño pedazo de tierra entre la inmensidad del océano.
En mi último viaje a la isla, visité por segunda vez Mogán, al sur. Es llamada la “Pequeña Venecia”, por sus canales y sus puentes. Es un lugar “de cuento”. Sus casas blancas y encaladas, pintan sus ventanas de colores vivos (a los canarios les gustan mucho los colores vivos). Una casa con las ventanas azul brillante, la de su lado, amarillas, la siguiente verdes, la otra rojas,... Y todas con un pequeño y cuidado jardín en la entrada, donde las plantas tropicales y los parterres de hermosas flores de mil colores se hacen la competencia para ver quienes son las más bellas.
Las callejuelas coronadas por cientos de arcos repletos de flores invitan al paseo y decenas de puentes, nos recuerdan a los canales de Venecia; eso sí, en pequeño y accesible. Todo es extremadamente hermoso y pulcro. No se ven coches, pero sí está el puerto lleno de barcos. Los hay de pesca, pero la mayoría son lujosísimas embarcaciones particulares de turistas que han llegado desde Francia, Italia, Inglaterra o España (entre otros lugares), navegando desde su lugar de origen hasta este precioso rincón.
El día de mercado, Mogán se llena de gente. En el mercado hay puestos de todo tipo, pero me llamaron mucho la atención los puestos africanos. Estas gentes venden, en su mayoría, artesanía de su país. Abalorios, telas, cuadros realizados con arena y esculturas talladas en madera. Tengo en mi casa un “rincón africano” donde papiros egipcios (traídos por familiares que visitaron este país), se mezclan con cuadros de arena y esculturas masai que adquirimos en el mercado de Mogán.
La gastronomía, como en toda la isla, se basa en pescado y marisco de primerísima calidad. La inmediatez con la que se consume el producto hacen de él un manjar exquisito. Papas con mojo, gofio, ensaladas de todo tipo,... productos frescos y bien preparados.
Buen clima, maravillosos paisajes, gente alegre y abierta,... Se diría que estás en el trópico, pero al abrir los oídos, escuchamos risas, música y unas voces que nos son familiares, que entendemos, que hablan nuestro idioma, pero con un acento, con una musicalidad que les hace únicos.
Volveré a Mogán, volveré a Ingenio, volveré a aquella que ya es mi tierra.
¿Y tú? ¿Qué lugares nos recomiendas?
Gracias por seguir comentando en este rincón que sin vosotros no existiría.
Carla.-