Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar nuestros servicios, analizar y personalizar tu navegación, mostrar publicidad y facilitarte publicidad relacionada con tus preferencias. Si sigues navegando por nuestra web, consideramos que aceptas su uso. Puedes cambiar la configuración u obtener más información aquí.

Cuca y Matías hacen las paces

Se vive un tiempo de reconciliaciones en Playa Uva. El enfrentamiento entre Cuca y Matías el pasado jueves durante la gala no ha supuesto una brecha insalvable entre ambos sino que parece ya completamente olvidado.
Cuca y Matías van juntos a pescar. Ahora parece ese el método ideal para reconciliarse. Y es que, como decíamos ayer, parece haberles dado una fiebre pescadora inédita. Han tenido que dejar pasar casi cincuenta días para decidirse a pescar otros que no son los de siempre, y nosotros aquí diciéndolo por activa y por pasiva. No solamente estamos viendo en ello a Cuca o Ivonne (ayer esta última llegó inclusó a capturar un pulpo) sino que los pescadores habituales se han echado a la mar al amanecer.
Hasta ahora nunca habían pescado al alba. Primero desayunaban el coco de rigor, no sé si de esos ilegales que tanta conversación han dado, y acercándose la hora de comer probaban suerte en el mar. Pues bien, sin saber nada de las artes de la pesca, lo que sí hemos podido observar todos es como los pescadores salen siempre a primera hora, desperezándose caña en mano. Ignoro si es por la temperatura del agua o quizá debido a otra razón, pero esto es así, y por ello parece extraño que no hayan aprovechado hasta ahora las horas aparentemente mejores.
Hasta aquí, todo lo contado concluye con la marca de récord ya apuntada ayer. Diecisiete piezas pescaron en un solo día, eso sin contar caracolas, cangrejos (uno de ellos gigante) y hasta el pulpo volador, como gusta de llamarle Ivonne. Desayunaron, almorzaron (dos pescaditos cada uno) y cenaron en condiciones. Eso después de semanas de pasar hambre, cuando estaban ya famélicos además de, como dice el tango, fané y descangallados.
No está de más recordar que en Playa Uva estuvieron primero Escassi y Matías, en la semana proclamada como la de la almendra. No solamente ni intentaron el reto de hacer fuego, alegando que era muy difícil (sin mechero es más complicado, claro) y problemas de espalda, sino que ni siquiera se esforzaron en ir a pescar. Pasaron siete días machacando almendras con dos piedras, aprovechando el aporte calórico de esos frutos secos. Resulta que no había pesca, aunque ya sabemos la verdad y no es precisamente esa. O bien la organización ha traído a esa playa y de improviso un enorme banco de pesca, que todo puede pasar. Una de las ventajas aquí es que no hay barracuda. Mi querida y añorada barracuda, la gran vedette de este espectáculo en el que todos terminan mirándose a cara de perro o, para mejor decir, a colmillo de barracuda.
El que tiene el colmillo más retorcido es Santi. El otrora jugador de baloncesto tiene un temperamento cambiante capaz de desequilibrar al más cuerdo. No digo nada si se junta con palomillas sueltas, ninfas extraterrenales o nocturnas mariposillas cenicientas. Me estoy refiriendo a las inigualables Cuca y Daniela, las dos concursantes con más atractivo de cuantas han pisado esos cayos esta temporada, cuya separación es inminente. Ayer veía en el resumen a Dani desescamando un pescadito (tuvieron trabajo extra en ese aspecto) y pensaba que cuando se vaya Cuca el jueves será ella quien la relevará en la labor de limpiar y preparar la pesca. Es una pena separar esta extraña pareja, mucho más interesante que la formada por Jack Lemmon y Walter Matthau en aquella vieja película de los sesenta.
En este caso el roce mayor no fue entre Santi y Daniela, ni con aquel y Cuca, sino que el otro protagonista fue Matías. ¡Sorpresa! el argentino enfadado, eso sí, reprimiendo sus reacciones y apenas mostrando un mosqueo del quince. Mucho más de lo que le hemos visto nunca, en Honduras y en Guadalix de la Sierra (fue concursante de la cuarta edición de Gran Hermano, como es sabido). Pero es que Santi es mucho Santi, probablemente el menos capacitado para hacer un papel, simulando ser lo que no es, lo cual le hace un concursante especialmente interesante. Aunque claro, eso no quita que sea también especialmente desagradable.
Wilma decía en el debate del pasado domingo que Santi le da miedo, e incluso le calificó de violento, lo cual estoy seguro de que no le hará ninguna gracia cuando se entere. Yo no diría tanto, entre otras cosas porque no le he visto ser explícitamente violento en ningún momento. Quizá su discusión más desabrida fue con Olfo, a cuenta de unas esterillas. Lo cierto es que su mirada, cada vez más inquietante, puede dar miedo en determinadas circunstancias.
Lo más enervante para sus compañeros debe ser esa sonrisa cínica que mantiene mientras dice las mayores borderías. Para mí tengo que la estrategia de Santi es minar mentalmente al contrario, siendo en la lucha psicológica donde mejor se desenvuelve. Cada uno sobrevive como puede. Ayer le veíamos decir a Matías en su cara que no confía en él, cuando este daba el pulpo por cocido. La exigencia en lo relativo a la comida (escasísima hasta ahora) es otra de sus especialidades, aunque suele ser a la hora de cocinar cuando se le ocurre salir a pescar algo para complementar la sopa alucinógena de la madre superiora Cuca.
Mami es precisamente como llamaba siempre Ivonne a Cuca, y también entre ellas dos se ha firmado un armisticio. Cierto que la puertorriqueña nunca se enfrenta a nadie, deja que sean Escassi o Matías quienes saquen la cabeza por ella, pero la tensión era evidente. Ivonne no solo sonríe gélidamente, también está visto que da gélidos abrazos. El beso de Judas es una bobada al lado de algunos otros gestos.
Y termino por hoy con Escassi. Sé que a algunos no les gustará lo que voy a decir, es el concursante que más apoyo tiene en Internet, lo cual es admirable, sean adhesiones improvisadas o no tanto. En todo caso, he mostrado simpatías y recelos por igual en lo relativo a este concursante, pero lo de ayer me llamó poderosamente la atención. Mientras unos pescaban y otros construían una cabaña bien cuca (con minúscula) bajo la dirección de Daniela, e incluso se curraban una mesa y dos bancos, todo ello con los restos de la balsa en la que debieron haber llegado hasta allí, ¿qué hacía Escassi?
Ya contesto yo a la pregunta. Nada. De veras, no se le veía casi en ningún sitio, al menos en labor de alguna utilidad. Eso sí, pronunció la frase del día. Ahora que tienen comida de sobra, resulta que el señorito (nunca mejor dicho) pide más. Quiere (textualmente) peces con azúcar. Será la que está faltando en su cerebro. O eso.