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Triste y obligada despedida de un gran superviviente

¡Menuda gala! ¡Cuántas emociones juntas! Sin nominaciones ni prueba de liderazgo, la gala se presentaba como una de las más flojitas, pero ocurrió todo lo contrario. Fue la gala de las emociones, una realidad televisada y centrada en dos momentos únicos. Por un lado, la conexión entre un Escassi de ojos glaucos y brillantes postrado en el lecho del dolor, descabalgado (nunca mejor dicho) de esta carrera por una inoportuna lesión. Por el otro, un gigante que llora como un niño cuando escucha a su madre dándole una buena noticia relativa a su salud. Y con él lloramos muchos, víctimas de la emoción, apresados por tanta concentración de desnuda realidad.
Me permitirá el lector ser por primera vez emotivo, sustituyendo la ironía habitual por la traslación, sin adornos ni florituras, de lo que sentí viendo esta última gala. Me da rabia que Álvaro Escassi, un superviviente extraordinario, tuviera que abandonar de este modo su participación en el programa. Vi además a un grupo reducido de personas (tan solo quedan cinco concursantes) en un estado realmente precario, delgados y con un aspecto nada saludable, tanto que solo pueden pensar ya en que esto acabe y a ser posible con el botín en sus bolsillos. Y me inundó la emoción desconsolada de Santi cuando su madre le revelaba que los resultados de ciertas pruebas médicas pendientes habían sido muy buenos. Por no hablar de la desolación incrédula del grupo cuando el propio Escassi les cuenta su mala fortuna.
Un mal paso, un tonto traspiés, puede dar por terminada la participación de un concursante en esta aventura caribeña (y garífuna, claro). Ha sido el caso de un Escassi, a quien vimos finalmente ante una contrariedad realmente importante, con el rostro desencajado por el dolor provocado por el esguince de un pie, aunque aún no está claro que no haya rotura de los ligamentos, lo cual obligaría a una intervención en breve plazo de tiempo. Estaba intentando encontrar un par de poleas más, dado que tras las localizadas el primer día no había tenido igual suerte los siguientes. Subiendo un risco de pronunciada pendiente, se agarró a un árbol seco y podrido, dando con sus huesos en el suelo, con el tronco sesgado en su mano y su pie doblado hacia delante al hacer de parapeto contra otro árbol que detuvo la caída del jinete.
Tras la llegada del médico, leve vendado, pinchazo de calmantes y un tío que le lleva hasta la balsa motora, cargando sobre sus hombros. De ahí al poblado, donde le inmobilizaron completamente la pierna, y a una clínica de urgencias 24 horas. Radiografías, resonancias magnéticas y un diagnóstico apresurado pero cierto: esguince y posible rotura de ligamentos. Por tanto: abandono obligado del concurso. Menuda faena para este competitivo concursante, uno de los más firmes candidatos a ganar el premio final, si no el que más posibilidades tenía.
El destino es caprichosamente cruel en muchas ocasiones, como esta misma. Decía antes que un mal paso ha impedido a Escassi seguir hasta el final y disputar en buena lid a los demás el premio. Su emoción en el momento de la conexión con Christian Gálvez fue en aumento y tuvo una expresión dolorosamente emotiva, tan real como triste, cuando le dieron la oportunidad de hablar con sus compañeros, que le estaban viendo en un monitor de televisión. No le salían las palabras, sus clarísimos ojos lucían brillantes. Estaba a punto de romper a llorar. Pero pudo deshacer el nudo de su garganta y le contó a sus compañeros de supervivencia lo de su pie. "Alegraos, porque si no es por esto os habría ganado, eso seguro", les dijo. En otras circunstancias habrían sonado sus palabras como prepotentes, pero en estas sonaban como resignadas con dificultad.
La emoción fue compartida por el grupo. Un Matías incrédulo llegó a pedirle que le jurase que era verdad y no se trataba todo de una broma pesada. Todos tuvieron palabras de cariño y decepción hacia él, lamentando lógicamente que debiera marcharse por algo así en lugar de en la propia competición. Ni siquiera la comida que les proporcionaron después, tan escasa como siempre, consiguió que se recuperaran tras el impacto de la noticia. Álvaro ya no estará con ellos, no volverá a disputarles una nueva prueba de liderazgo, con las grandes posibilidades que tenían siempre de perderla ante un contrincante tan duro como él.
Anoche dos concursantes se quedaron especialmente solos en Playa Uva. Me refiero a Ivonne, que ya no tendrá a Escassi durmiendo a su lado, y Zúñiga, a quien los votos de la audiencia han separado de Daniela. Entre las dos había un feeling muy especial, el que provoca a su alrededor esa catalana soñadora y seductora, que ayer vio cumplido su sueño de volver a casa. Ambas chicas notarán especialmente la ausencia de sus dos principales cómplices en esta aventura.
Tras la salida de Daniela, que eligió a Matías para pasar unos días (parece que tan solo dos) en la selva de Cayo Menor (o eso suponemos), y muy especialmente por la baja de Escassi, se produce una interesante redefinición de fuerzas en la isla. Tengamos en cuenta que la última semana se produjo un importante acercamiento entre las chicas, tal y como recogíamos aquí ayer, titulando «Chica's power» (El poder de las chicas), exactamente idéntico titular al elegido por Matías a petición de Gálvez. Las dos bajas conocidas también juegan un papel importante, digamos que ahora Zúñiga y Santi hacen un dos contra tres, y teniendo en cuenta que Yolanda nunca estuvo definida con total claridad en el 'clan de pan Bimbo' (que era cosa de tres), se puede producir una cierta sensación de re-equilibrio de fuerzas.
Otro gran momento de la noche fue la conexión telefónica entre Santi Abad y su madre. Ver a un tipo de dos metros y pico llorando como un niño al saber que su madre está al otro lado de una línea telefónica es realmente impactante. Aún cuando volvió junto a sus compañeros en el poblado se dobló literalmente al lado de Matías, siendo acompañado inmediatamente por una Zúñiga siempre dispuesta a dar su calor y sincero cariño a cualquiera de sus compañeros.
Pero aún pasaron más cosas en una gala intensa y emotiva, como dije antes. Estuvieron los dos últimos expulsados, Golosina y Cuca. Juan, que rompió su palo al arrojarlo con fuerza contra el suelo para abrazar al presentador y colgarse de su cuello, estuvo tan gracioso como siempre, con un aspecto sano envidiable tras su paso por el hospital. Cuca añadió tensión emotiva a la noche, y aparte de sus teorías de los "albañiles de la televisión", definición ridícula donde las haya, me gustó mucho su discurso, especialmente cuando decía "a partir de ahora cuando me pare alguien por la calle para pedirme dinero se lo daré, aunque sea para vino". Pasar hambre marca a cualquiera,
Para terminar, contar que hicieron una prueba de recompensa consistente en soportar de sus brazos estirados el doce por ciento de su propio peso, con una cuerda bajo los mismos que no podían hacer caer. A cambio, una esterilla para quien lo superase, en este caso Matías, Zúñiga y Santi. Además, los tres frascos de sal de esta semana, sumados a otros tres de la semana anterior, hicieron que pudiesen elegir seis cajas entre nueve. Salvo la elegida por Yolanda, que estaba llena de hojas secas, el resto contenían comida. Un salami (creo), galletas, cocholate, latas de anchoas, atún y cocido. La caja que se llevó Matías contenía los apaños para hacer un rico cocico madrileño, ciudad que hoy vive la fiesta de San Isidro, su patrón. Las cantidades más bien ridículas, a pesar de lo cual lo celebraron como niños.
Ah, e igualmente ilusionados se comieron una tarta que hasta hizo crujir mi estómago. Y es que en este palafito no hay dulces como ese. Aunque eso sí, contamos con el apoyo y la compañía de muchísimos buenos amigos, lectores y comentaristas, lo cual alimenta más que el mejor de los manjares.