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Félix, Marta y el amor

Perder un hijo provoca un dolor insoportable que no tiene descripción posible. Pero es verdad que los padres se consuelan sabiendo que su hijo o hija ha pasado por el mundo dejando una huella profunda en los seres que le comprendieron y le quisieron. Lo contaba Luis Alegre en una impresionante carta a los padres de Félix Romeo, poeta, escritor, agitador cultural de Zaragoza que moría repentinamente a los 43 años. El impacto que todos hemos sufrido por la noticia ha sido devastador, pero todo el mundo se ha apresurado a hacer saber a los suyos que el calor de Félix no se apagará.
Ahora se celebra el juicio por el caso Marta del Castillo y pienso en los padres, Eva y Antonio a los que he conocido haciendo un amplio reportaje del caso . Recuero cuando Eva me dejó entrar en la habitación de la niña y ,sentadas sobre su cama, me contaba cómo había celebrado con sus amigas el que hubiera sido su dieciocho cumpleaños, cómo la querían, cómo reían recordando sus ocurrencias, como se mezclaban las lágrimas con esa estela infinita de cariño. Nos esperan días de volver a recordar el horror creado por un grupo de chavales capaces de callarlo todo, de pensar qué había detrás de la mirada del asesino confeso, Miguel Carcaño, guapo y seductor, qué hay detrás del mal que destroza vidas que estaban tan bien encaminadas, tan bien construidas.
Y, después de todo, nos queda el amor por lo que fueron quienes no están ,quienes  de forma inesperada desaparecieron de este mundo. Queda su olor, su memoria, su estela. Si hay consuelo, es ése.