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Mi rincón favorito

Aunque soy muy viajera, me siento incapaz de pensar en el verano sin que mi isla, Ibiza, me venga a la cabeza. La primera imagen corresponde a la playa de Ses Salines a primera hora de la mañana, casi desierta, con el edificio de la salinera como única construcción a la vista , algún pequeño barco fondeado y  unos pocos audaces respirando hondo mientras corren por los caminos que hay entre los pinares hasta una de las torres de defensa que rodean la isla.
Es una fijación de mi niñez, de cuando iba con mis compañeros de colegio a esa playa en bicicleta. Al llegar, nos tumbábamos en la arena para empaparnos de  los increíbles olores de ese lugar y soñar que de mayores estaríamos allí con música brasileña de fondo y un Martini en la mano, como en  algunos anuncios .
La playa de Es Cavallet es algo más salvaje, con su original chiringay ,con el desnudo como bandera y un par de restaurantes en los que se come muy bien. Según sople el viento, se puede ir a una o a otra. También la meteorología es clave para elegir sitio en Illetes, en Formentera, ese lugar en donde es inevitable caer en todos los topicazos :”mejores playas del Caribe, el turquesa más intenso de la tierra…”porque son absolutamente ciertos. Ir en barco es esencial. Y pararse en Cala Saona para que Paco, de El Sol, nos prepare un arroz ciego después de saborear gambas rojas al ajillo y unos raones.
El atardecer en San Antonio, la mejor puesta de Sol, en el Café del Mar o en alguno de los bares que lo rodean y la noche en Santa Eulalia, porque ver a la llegada el Puig de Missa  iluminado es un espectáculo grandioso. La copa en San Carlos, en Can Anneta, un reducto hippie para probar las hierbas ibicencas y charlar con los que conocieron la Ibiza de los sesenta, aún refugiados en la rusticidad de aquella zona.
Y paro, porque el puerto de Ibiza y la Marina Botafoch dan para mucho,con sus tiendas, sus galerías y el ambiente libre…Pero esos son ya rincones para otra historia.