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Con la P: concurso con un rosco que antes emitía la competencia

Buenos días, amiguitos:
el otro día intenté colarme en el telediario y fui amablemente invitado a marcharme porque si quería estar allí tenía que pedir permiso a Hilario Pino. Y como era tarea imposible porque suponía interrumpirle mientras leía los titulares en directo, me fui a comer un filete con patatas al comedor.
Allí estaba Miguel Ángel Nicolás, que a veces habla de ropa en el programa de AR.
Miguel Ángel Nicolás comía el menú wellness, que es el nombre rimbombante que bien podría haberse inventado Raquel de Supermodelo para definir lo que es el clásico menú que te deja con hambre y suele comer, por ejemplo, gente que lleva la ropa tan apretada que un solo gramo de más provocaría una catástrofe textil.
Y cuando me iba cabizbajo, pensando que menudo día perdido, que había venido para nada y que a la porra mi hermosa crónica sobre el telediario, me di de bruces contra Pasapalabra.
El plató de Pasapalabra está justo al lado del de el mejor programa que emite actualmente Telecinco. De hecho, comparten cabeza caliente y creo que incluso algún foco. Pasapalabra es un programa lleno de abrazos, saludos, ánimos y amor. Sus aplausos se escuchan en todo Telecinco. Es casi un acto de justicia geográfica que esté al lado del plató de El juego de tu vida, donde lo único que se abraza es la vergüenza y la desesperación.
La cantante Lucrecia era una de las invitadas. La forma alocada que tenía de sacudir las rastas de colores cada vez que acertaba algo, aunque fuese de chiripa, ha hecho que haya olvidado ya quién era ninguno de los otros invitados famosos.
Los concursos pierden casi toda su efectividad en directo. No hay música de fondo que imponga tensión, que se añade una vez grabado. Hay que cortar a menudo porque alguien se traba. El fallo del concursante no une al público en un sentimiento de pérdida colectivo que les lleva a soltar un desgarrado lamento, sino que el regidor se encarga de empezar con un gran ooohhhh cada vez que un concursante comete un fallo, para que el resto del público le siga. Mientras los oooohes del público son moderados y creíbles, el ohhh inicial del regidor es bruto y se asemeja más a un orgasmo que a un lamento. Obsérvese cualquier tarde. Los cámaras se parten cada vez que se escucha uno.
Ahora, nuestra clásica serie de preguntas formuladas por unos lectores que no existen, pero que podrían ser perfectamente reales si a alguno se le da por hacerme preguntas en esa bella y nunca suficientemente ponderada sección de comentarios que hay ahí abajo.

Querido pasillero, no puedo ver las piernas de los concursantes cuando salen a los atriles para la prueba final. ¿Es cierto que les tiemblan como las de un tití abandonado en el Polo Norte? Poo, Pontevedra.

Hola Poo. Cierto es.

Hola, ¿qué conversación crees que podrían tener los dos rivales una vez salen a sus atriles y se detiene la grabación mientras el resto del equipo y técnicos preparan la sección del rosco final? Daniela, Valencia

"Tus invitados famosos eran muchísimo más listos que los míos". "Te jodes".

Don pajillero Pasillero, ¿es cierto que en un programa que tiene un rosco de letras como símbolo más reconocible tal rosco no se ve en ningún momento durante la grabación? ¿Y no crea eso una paradoja semejante, por ejemplo, al hecho de que exista una empresa láctea llamada La Vaca que Ríe en cuyas oficinas no hay ninguna vaca y mucho menos con la capacidad de reír? Henar, Sevilla

Cierto es. El rosco sólo existe en el mundo de la infografía y, por lo tanto, en tu salón.

Por cierto, entre que la mayoría de gente entre el público tenía quince años y que a su salida atravesaron el plató de El juego de tu vida, que parece una discoteca de extrarradio, se me hizo raro que no empezase a sonar música house y a servirse alcohol de forma ilegal. Me dio rabia y todo : (