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Concursantes y espectadores diferentes

Desde hace días deseo hacer una reflexión sobre la diferente percepción que pueden tener distintos espectadores de Gran Hermano en función de cuál sea su actitud como espectador. Iré a ello un poco más adelante, aunque antes quiero contar algunas cosas sueltas sucedidas en las últimas horas, empezando por los regalos de la Nochebuena y terminando con la movida noche que vivieron en la casa ayer, día de Navidad.
Tras la cena de Nochebuena fue el momento de abrir los regalos que esperaban desde horas antes al pie del árbol navideño. Empezó Ana, que tenía una postal con las fotos de algunos familiares, y unas inscripciones, lo cual le resultó frío y escaso, especialmente en comparación con los de sus compañeros. Orlando tuvo una camisa de dudoso gusto y una postal que le hizo llorar de emoción. Es la primera vez que veo a este concursante expresar sus sentimientos de forma tan abierta, tras el evidente disgusto que le costó la expulsión de Carlitos. A Iván también le hizo llorar la postal firmada por familiares y amigos, aunque en este caso fue una reacción inmediata, no como el feriante que dejó pasar bastantes minutos para releer la suya y dejar ver como afloraban entonces las lágrimas. Al modelo le regalaron unas pulseras de esas bastante ordinarias que le gustan a él, quizá para suplir la que le regaló Loli y luego se la terminó devolviendo en medio de una discusión.
Liz reaccionó de forma extraña al abrir su regalo y ver la foto de su pequeña, tras lo que se fue a un rincón a llorar. Me recordó una de las escenas montadas por Palomares la noche de la salida de Mirentxu, que también terminó llorando en un rincón al lado de la entrada al retrete. Almudena también se emocionó al leer los mensajes y recibió varios vestidos con los que podrá mantener su récord de no repetir modelo en las galas. A Julito le tuvo que leer los mensajes Palomares y recibió unos zapatos idénticos a unos que este le había estropeado en la casa, gofio y unos pantalones vaqueros. El último en abrir sus regalos fue Palomares, que extrañamente fue el único que no lloró. No me refiero a que no derramase una lágrima, algo a lo que estamos acostumbrados por las muchas veces que simuló llorar en la casa. En este caso es que ni siquiera hizo el intento. Es exactamente lo mismo que sucedió en la última gala con los mensajes en vídeo. En esa ocasión también fue Palomares el único que observó las imágenes de forma serena y fría, sin llorar aunque mostrando una alegre emoción siempre. Su novia le envió esta vez unas deportivas blancas muy estilosas.
Fue la noche de Ana y Palomares, ya que ambos aprovecharon para hacer campaña de forma casi maratoniana. Ana optó por empezar a explotar el victimismo de una oveja negra en su familia, que ha pasado (como recordó Eva el martes) muchas navidades en soledad, y a la que le habían mandado un presente mucho más deslucido que al resto. Luego pasaría de esto a filtrar abundantemente información del exterior, como hablar de situaciones vividas por ex concursantes tras su salida de la casa. Es curioso que aún así les comentase a sus compañeros que en las llamadas que patrocina un operador de telefonía les podían los comunicantes filtrar mucha información, sin darse cuenta que ella misma ha sido un importante coladero en ese sentido. Bien es cierto que le han llamado la atención desde el 'confe' en más de una ocasión, lo cual no impide que el mal haya sido previamente causado, igual que ya pasó el año pasado con Amor. Supongo que esto le valdrá a nuestra querida Mercedes para entender las reticencias de muchos ante las 'repescas'.
La otra campaña de la noche fue la mantenida de forma estajanovista por un Palomares en el que convergen estos días varias circunstancias especiales. Por un lado, se ha visto liberado del yugo de Mirentxu, al igual que Julito, habiendo coincidido esto con su primera nominación. La consecuencia de esta última situación es su insistencia en que ha sufrido mucho en la vida por las acusaciones de ser gay, que en GH ha descubierto ser mucho más fuerte de lo pensado por él mismo y además que ha nominado siempre de forma rotativa, con la intención de que salieran todos nominados, habiendo excluido siempre a Mirentxu y temporalmente a Nany y Liz, las cuales pensaba que por haber entrado más tarde se merecían conocer suficientemente a fondo la experiencia.
Todo esto lo entremezclaba Palomares con maestría, ya que no parecen argumentos que empasten bien, precisamente. Lo cierto es que, como señalaba antes, la salida de Mirentxu ha conseguido obrar varios cambios en sus dos nietos adoptivos. Las dos últimas noches se han dejado cacharros sin lavar, lo cual era impensable antes. También ahora sus chicos trasnochan, demostrando que no era Iván la única ave nocturna (por cierto, que de esta forma ella también le estaba llamando pájaro, repitiéndolo además casi en cada nominación). Por último, ahora algunos han conocido el almacén de comida que habían venido escondiendo Mirentxu y sus auxiliares en la cocina. Ya sé que ella lo negaría aunque estuviéramos viendo en ese momento desmantelar el escondrijo en el que se podría sacar desde aceite (a pesar de insistir tanto en que se quedaban sin aceite al perder la última prueba) hasta cantidad de frascos de salsa de tomate, por poner solo un par de ejemplos. Esto me recuerda a un momento vivido en GH VII, la noche que salió el de Tomelloso (ni su nombre quiero recordar), y empezaron a descubrir kilos de comida saliendo de su canapé, el de Sarita de Lucas y algún otro. Un saludo, por cierto, a algunos habitantes de ese pueblo que con la connivencia de su propio ayuntamiento se dedicaron a amenazar a este gato, llegando a denunciarme ante cierta sociedad gestora de derechos a autor. ¡Qué tiempos aquellos!
Del resto de cosas sucedidas en la noche del miércoles y también de anoche mismo hay abundante información en el último hilo de comentarios así como en las impecables narraciones del minuto a minuto en esta misma web. A destacar que tras la cena y los regalos de la Nochebuena, a Julito le dieron calabazas de forma sucesiva Liz y Almudena. La primera le dijo que le quería como amigo, sin llegar a decirle que como a un hermano, por fortuna para él. Chiqui, por su parte, le dijo que los cuatro besos que se habían dado (y nos perdimos) le habían hecho ver que no le gustaba realmente. El pobre canario no levanta cabeza, aunque al menos ahora se divierte en las fiestas hasta tarde. Claro, que para estos resultados mejor hubiera estado el pobre en la cama. De otro lado, anoche Ana hizo de Mirentxu, al quejarse porque no la dejasen dormir. Almudena le llegó a decir, con su delicadeza habitual, que era "un grano en el culo", en una noche de borrachera casi generalizada, especialmente visible en Liz y Orlando.
Y voy a lo prometido, sobre las varias lecturas que tiene este programa, dependiendo de si decidimos una mayor o menor implicación en el mismo. Hay un tipo de espectador que solamente ve las galas, otros que le suman el seguimiento más o menos fijo del diario, y después estamos los del enganche casi enfermizo, aquellos cuya implicación es absoluta, intentando no solamente ver todas las horas posibles el directo sino incluso dedicando parte del tiempo a compartir con otros aficionados el seguimiento a través de Internet. Así mismo, hay muchos que estarían a caballo entre un tipo y otro de los expuestos, es decir, quien ve siempre el diario y participa en foros de Internet pero no ve las galas, o cualquier otra combinación posible. Como decía, esta variedad en el seguimiento del programa ofrece la posibilidad de establecer niveles de lectura distintos y, a diferencia de lo que se podría pensar, complementarios en muchos aspectos. Aunque también es cierto que la elección del nivel de seguimiento puede ser determinante en muchos casos para la opinión generada por ciertas situaciones, pero sobre todo para el juicio sobre algunos concursantes.
En líneas generales, podemos dividir a los concursantes de Gran Hermano en dos grandes tipologías: de un lado los que participan, se implican y determinan la acción de lo que ha de suceder en la casa; y de otra parte aquellos que simplemente están, los que eluden afrontar los problemas y, por tanto, ni los plantean ni tampoco contribuyen a ofrecer soluciones a los mismos. Siguiendo con la simplificación, injusta en buena medida pero necesaria y útil a mi exposición, el primero de los tipos sería, por lo general, el concursante que con facilidad obtendrá las simpatías y el apoyo de aquellos espectadores que hacen un seguimiento en mayor nivel, es decir, los que ven la emisión en directo y hasta participan en foros de reunión como el que abre cada día el hilo de comentarios que acompaña a este escrito. Consecuentemente, el concursante más pasivo, quien decide desaparecer de la escena el mayor tiempo posible, ese sería el preferido de quienes se quedan en nivel de seguimiento más limitado, aquellos que apenas ven la gala y, si acaso, algunos resúmenes.
Lo que pretendo explicar a continuación es por qué pienso que se produce esa relación bastante inequívoca entre un seguimiento que podríamos llamar en ‘nivel 1’ y el concursante pasivo, de igual forma que relaciono el concursante quizá más polémico, quien participa de la acción en mayor grado, y el espectador digamos que en ‘nivel sumo’. En parte me parece una relación elemental, ya que en la medida que el seguimiento es mayor cobra más importancia, por lo general negativa, que un concursante permanezca oculto, ya sea voluntaria como involuntariamente.
El espectador en ‘nivel 1’, por ejemplo, asiste a la exposición de unos vídeos con Palomares como protagonista, en los que siempre le vemos de buen rollo, con momentos graciosos, más o menos cargantes, pero siempre alejado del foco de los conflictos. Suficiente para que su juicio sobre el concursante sea positivo mayoritariamente, a la vez que el de ‘nivel sumo’ echará en falta en muchas ocasiones a un concursante poco participativo, a la vez que escasamente decisivo en la acción, y por tanto su juicio fácilmente será negativo sobre el mismo. En la tipología contraria se daría un fenómeno semejante, dado que el perfil polémico de Almudena, por poner otro ejemplo, cobra mucha mayor importancia para el espectador en ‘nivel 1’ que para quien tiene la posibilidad de asistir a muchas situaciones en las que la polémica concursante ofrece otra cara, bien humana o resolutiva o bien simplemente participativa, lo cual será valorado positivamente aún participando de la opinión mayoritaria en lo referente a su perfil polémico.
No quiero decir con esto que sea más válida una lectura que otra, dado que no comparto la idea de que el espectador en ‘nivel 1’ se pierda una parte imprescindible de la realidad. Simplemente tiene una visión distinta, que no por más reducida es siempre menos precisa ni, por supuesto, menos válida. De hecho, en esta especie de traslación de la realidad que es Gran Hermano, este hecho que analizo hoy se correspondería con lo que sucede en el ‘mundo real’ cuando un amigo nos habla mal de un tercero mientras nosotros tenemos un juicio positivo de aquel, posiblemente con motivo de semejante división de percepciones que la explicada, al ser más conocido por nosotros que por nuestro amigo, o al menos en situaciones o estadios diferentes. Entre todos, en todo caso, formamos una opinión que tiene orígenes distintos, lo cual hace más rico y plural el diálogo que establece el programa, con tintes de guerra fratricida a veces, cuando unos defendemos al concursante que otros detestan.
A pesar de ser salvada in extremis por la audiencia votante, a Almudena le ha perjudicado su perfil polémico, la tendencia que ha mostrado a meterse en discusiones, muchas veces bizantinas, como la noche del martes en esa bronca con Liz que iba subiendo en gravedad por momentos, a cuenta de la distribución de cajones (gavetas para la dominicana). Almudena no tenía razón en casi nada, y tengo el convencimiento de que ella misma se dio cuenta sobre la marcha, seguramente demasiado tarde como para rectificar. Cosas como esta, y el contexto en el que se produce, con esa diferente percepción de la realidad por parte de distintos tipos de espectadores, explicarían la resolución final de la última expulsión.
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