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Cydonia oblonga

La 'cydonia oblonga' es el nombre del fruto comunmente conocido como membrillo. Este es un fruto de color amarillo-dorado brillante cuando está maduro, periforme, de 7 a 12 cm de largo y de 6 a 9 cm de ancho; su pulpa es dura y muy aromática. Los frutos inmaduros son verdes, con una densa pilosidad de color gris claro, que van perdiendo antes de madurar. El membrillo es demasiado duro, astringente y agrio para comerse crudo, a menos que sea escarchado. Se usa para hacer mermelada, compota y pudin, o puede pelarse para posteriormente asarlo.
Su fuerte aroma hace que sea un complemento para añadir en pequeñas cantidades al pastel de manzana y a la mermelada, para potenciar el sabor. Ya, muy bien. Además, en jerga membrillo (o sea cydonia oblonga) significa chivato, bocas, vigilante, cenutrio. En el 'Diccionario de la injuria' de Sergio Bufano y Jorge S. Perednik (no todo iba a ser el DRAE, además es un libro de gran inspiración) se define membrillo como: "Alcahuete, correveidile, soplón de la policía. Informante". O sea.
Mirentxu es un poco membrillo, adjetivo que ya no hace falta que aclare. En el diario de ayer veíamos una de las conversaciones que tuvieron lugar en la casa en medio de la última gala, en la cual la más longeva de la casa apoya sus tesis mediante la delación, descubriendo a Liz y parte de su doble juego. La dominicana no es de esas personas que te ponen buena cara, te hablan dulce y amablemente, haciéndote creer que están contigo y te empatizan completamente, para luego ir a otro lugar de la casa a echar pestes de ti, llamándote de todo menos bonito. O sea, Liz no es Gisela. Pero tiene cierta tendencia a echar balones fuera, para lo cual no tiene pudor en dejar mal a un tercero con tal de salvarse ella. Esto se lo he visto hacer en varias ocasiones, por ejemplo cuando la mañana del domingo Mirentxu le hacía la pregunta trampa de si había estado ella en la juerga de la noche anterior, en la que les habían terminado por encender las luces del dormitorio. Liz niega haber tenido nada que ver con ello, cuando es cierto que fue cómplice de Almudena y la 'yaya' lo sabía.
En la conversación referida, Miren pone a Liz en un aprieto al decir delante de todos que ella también se ha quejado a veces de que hayan encendido la luz del dormitorio por estar alguien metiendo juerga. No tiene reparo ni le importa poner en evidencia a esa compañera que la ha tratado siempre con gran mimo, que hasta ahora la tenía como intocable, y aún más que eso, casi la ha considerado como la madre que nunca tuvo. A ella le da igual, si eso sirve para apoyar sus tesis, por otra parte represoras de la diversión y sin la concepción del libre albedrío necesaria para no perder la cabeza ahí dentro durante el tiempo máximo de casi cuatro meses de encierro.
A diferencia de Mirentxu, tanto Almudena como Iván se callan el nombre de las personas que han puesto una lavadora para una camiseta o un calzoncillo, cuando Almudena introduce ese tema dentro de la discusión, al haberle aquella advertido de que no pusiera una lavadora para pocas prendas porque es algo poco ecológico. Chiqui argumenta que ella puso siete prendas, todas ellas del mismo color y algunas delicadas, por lo cual está más justificado que cuando alguien ha puesto una sola prenda. Mirentxu niega que eso hubiera pasado e Iván, presente físicamente en la discusión (al igual que Orlando), tercia para decir que no es mentira porque él también lo ha visto. Los dos amigos se paran en barras antes de delatar a un compañero. Esto les diferencia de Mirentxu, por fortuna para ellos.
Curiosamente, los dos que han puesto en marcha alguna vez la lavadora para una prenda exclusivamente estaban presentes en la conversación, o cuando menos pendientes de ella. Carlitos la seguía a poca distancia, sentado en uno de esos sillones orejeros, mirando de soslayo lo que estaba pasando en los sofás. Si hubiera tenido a mano la revista esa de coches que tan sobada tiene de usarla para hacer como que está pero no está, no dudo que la hubiera cogido en esta ocasión. Pero es que Orlando estaba físicamente presente, situado en el sofá entre Chiqui y Mirentxu. Su ubicación y el hecho de que no se mueva de allí, como podía haber hecho, de alguna forma da testimonio de una cierta actitud solidaria, como remarcando que está donde está y con quien está. Pero eso sí, no abre la boca en ningún momento. Ni siquiera para decir, como hizo Iván, que él también ha visto a alguien poner la lavadora para un calzoncillo, o incluso reconocer que se trataba de él mismo.
Hago tanto hincapié en esta conversación porque me parece que retrata muy bien la postura de cada uno en la casa. Para completar la escena, Palomares hacía posteriormente de confidente de Mirentxu, repasando entre los dos lo ocurrido, como de costumbre a media voz. Y Julito se había quitado de en medio absolutamente durante todo ese tiempo. Solo dijeron esta boca es mía, atreviéndose a contradecir a la donostiarra, Almudena, Liz e Iván. Menudo atrevimiento. Si ya vaticiné, no sin riesgo, que el canario sería desheredado, creo que no me equivoco si digo lo mismo de Liz, aunque en este caso no creo que le hubiera correspondido gran cosa de la herencia. No en vano, ya en la casa vieja Mirentxu mostraba su desagrado porque la dominicana utilizase su saco de cambiarse de ropa, aclarando sospechosamente que no le daba asco porque fuera negra.
Los dos polos opuestos de la conversación fueron, sin ninguna duda, la 'cydonia oblonga' y el deficiente afectivo, o sea, la chivata y el del amable letargo. Mirentxu y Orlando, dos formas distintas de entender la vida. La primera intentando poner vallas al campo, reglamentando, ordenando la vida de los demás. Es meticona, entremetida, descarada, indiscreta y fisgona. Además de castradora y enemiga del libre albedrío. Apela a la convivencia precisamente cuando ha dado buenas muestras de no saber convivir, incluso de no querer. Ya la primera semana discutió con Iván porque este trasnocha y ríe muy alto, en lugar de tomar una solución tan sencilla como irse a dormir a un dormitorio en lugar de hacerlo en el salón de la casa vieja. Ya en la nueva decidió dormir en el cuarto de maletas (vestidor o almacén, es la estancia nombrada de formas más distintas), incluso cuando empezó a haber sitio en el dormitorio común, hasta que les han obligado a hacer la mudanza. Y eso no es saber convivir.
En el otro polo está Orlando, el hombre impasible, capaz de permanecer inmune y silente ante cualquier conversación que tenga algo de polémica o intrincada. Una personalidad como esta me resulta llamativa. Miento, realmente es envidiable para mí. Alguien que tiene la capacidad de abstraerse de cualquier disputa, insensible a la necesidad irrefrenable de defender lo que considera justo, pudiendo dejar pasar delante de sus narices cualquier situación a todas luces intolerable, es una persona sin problemas. El feriante deja pasar la vida por delante sin dejar que nada le afecte. ¡Qué gusto! ¡Vaya huevos!
A decir verdad, es de las cosas que este gato justiciero peor soporta. Lo siento mucho, veo a Orlando defendiendo a duras penas en el confesionario lo que piensa, ejerciendo de editorialista torpe de diario, dando una de cal y otra de arena, intentando situarse en el medio donde anda la virtud, y no entiendo cómo no actúa y habla cuando lo debe hacer. Dejémonos ya de si es tibio o no, lo que le pasa a este concursante es que no tiene sangre en las venas, y la que tiene la debió emplear con Nany en cierta actividad bajo el edredón, porque el resto del tiempo no le vimos gesto afectivo alguno. Yo creo que no tiene capacidad para dar ni apreciar cariño. Se debe mover por otros impulsos básicos, como cuando explicó que se llevaba bien con Iván porque a los dos les gusta ir al jacuzzi al caer la tarde. ¿Pero qué demonios de explicación es esa?
Esta madrugada hemos vuelto a tener una muestra de hasta qué punto cuando algunos califican a Iván de egoísta no hacen otra cosa que utilizar un argumento excusa, a modo de comodín. El modelo terminó su labor en la prueba benéfica de esta semana, en la que tienen que elaborar y embolsar tarjetas de la ONG de la 'globalita', Global Humanitaria. Dado que a los demás les quedaba todavía tarea, Iván se ofrece para ayudarles a completarla, pero nadie acepta su ayuda. ¿Por qué no quieren ser ayudados por su "egoísta" compañero? No tengo más preguntas, señoría.
Una parte muy respetable de la audiencia simpatizó el martes con Gisela cuando le aconsejó a Iván que pidiese perdón de vez en cuando. No es que sea un mal consejo, de hecho no está mal, solo que lo veo un poco dirigido a un concursante, cuando creo que podría ser aplicable a cualquiera de ellos. Incluso a la consejera, que ha demostrado tener esa especial habilidad para pedir perdón como una trampa que le sirviese para recuperar una conversación en su beneficio. Yo de ser Iván lo habría pillado al pie de la letra, y andaría ahora pidiendo perdón continuamente, de sol a sol. La posología aconsejable (todos podemos dar consejos, es gratis) sería cada cuatro horas y siempre después de las comidas. Que le hable a la cámara, como hace Palomares, y diga: "perdonad todos mis pecados". Queda misericordioso y compasivo, o sea muy pío. Pío, pío, que yo sí he sido.
En realidad, Iván tiene mucho por lo que hacerse disculpar. Que pida perdón por haberse presentado a un casting hace unos meses para el reality de realitys. ¿A quién se le ocurre? Que lo pida por ser inteligente y darse cuenta que le ponen menos comida que a los demás, o le abroncan cuando pierden una prueba por un descuido suyo, mientras que cuando otros hacen perder pruebas por un acto voluntario y torpe se les da una palmada en el lomo (es textual). Que pida perdón también por ser gracioso, alto, modelo, o haber estado en fiestas en las que casualmente había jeques árabes. También ha de pedir perdón ipso facto por hacer una travesía en una pequeña barca motora desde Valencia hasta Illes Balears, por más que terminara de forma medio cómica, medio dramática.
En definitiva, que Iván pida perdón por existir, y por molestar a la vista a algunos espectadores, que le tienen tirria y él debería de entenderlo y no solo disculparse por ello, sino dejar que otros compañeros le injurien, insulten y aíslen. O mejor, que le pisoteen y le vejen, cualquier cosa que sirva para alejarlo del grupo de poder de la casa, conseguido en golpe de estado por el 'clan de la fregona'. Y luego que se autoinmole al amanecer, como acto de éxtasis purificador. Pero que lo haga más tarde de las nueve, no vaya a despertar a Mirentxu.
[Esta entrada ha sido escrita con el ordenador de Gran Hermano, del que puedes obtener más información aquí. Dejo una cartelera que nunca pudo salir a la luz por la temprana expulsión de Raquel, y que ahora recuperamos tras haber sido esta concursante portada de una conocida revista.]
MONTSE JUANILLA & ELGATO