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Bromas, ni media

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Telma Ortiz siempre quiso trabajar en Médicos Sin Fronteras.
Acercarse a una organización como esa requiere una postura ideológica decidida.
Ella, como todos los que trabajan en esa ONG, la tuvo. Quería estar donde más falta hacía; pidió que la mandasen a las zonas de conflicto pero no pudieron acceder a su deseo. La relación de su hermana Letizia con el Príncipe Felipe lo impidió y la obligó a cambiar sus planes tantos años anhelados.
Ser la hermana de la Princesa de Asturias podía hacer de ella un objetivo de secuestro muy preciado en esos lugares en guerra donde trabaja la ONG Medicos sin Frontera. Ese fue el método que usaron en Chechenia, por poner un ejemplo, que, muchos lo recordaréis, mantuvo en vilo a varios gobiernos para salvar la vida de inocentes cooperantes secuestrados.
Su vida era la misma de siempre pero su "nueva"situación la obligó a aceptar cambios muy dolorosos e involuntarios. Intentó que le dieran, en la misma ONG, otra responsabilidad en España pero no logró acostumbrarse a ser objetivo de fotógrafos y periodistas interesados por su vida en contra de su voluntad y tiró la toalla.
No engañó nunca.
No ocultó nunca qué vida deseaba llevar.
Para defenderse decidió dejar su país y aceptar otro trabajo. Entró en Cruz Roja y vivió unos años en Filipinas dedicándose a lo que siempre quiso hacer: ser cooperante.
En España sólo la vimos en actos familiares oficiales. Unos alegres y otro terrible.
Ahora le dicen que no tiene derecho al anonimato porque pertenece a la Familia Real y se ha aprovechado de ello. Totalmente falso. Ni pertenece a la familia real ni jamás ha aprovechado esa circunstancia, la ha sufrido.
Ha acudido a la justicia pidiendo cobijo para ella, su hija y su compañero.
Se ha "atrevido" a usar la ley para defenderse de un acoso y la acusan de destruir la libertad de expresión. Chorradas. Telma Ortiz tiene todo el derecho del mundo a defenderse de lo que considera una intromisión no buscada en su vida. Telma Ortiz no es ni ha sido nunca por su trabajo ni por su voluntad una persona conocida.
Una jueza debe dictar sentencia en muy pocos días. Sería bueno que actuara con total libertad porque no es saludable que una sociedad escupa a sus ciudadanos porque no soportan que se les persiga con cámaras y objetivos. No es bueno para nadie y, por supuesto, es nefasto para los que hacemos periodismo.
Nuestro trabajo es ver, oír y contar. Ayudar a descubrir y trasladar las denuncias y los miedos de los ciudadanos.
Si Telma Ortiz comete un delito será nuesta obligación investigarla y publicar lo que descubramos sin que nos pare su relación familiar con la Princesa de Asturias. Ese es nuestro trabajo para el que resulta imprescindible la libertad de expresión.
Nuestro trabajo no es perseguir hasta hacerles la vida imposible a Telma Ortiz y Enrique Martín Llop que habrán pedido en todos los tonos que se les deje vivir en paz mientras llega el día que puedan volver a marchar a cualquier rincón del mundo donde hagan falta manos para atender a personas que sufren cada minuto el dolor de guerras y persecuciones.
Que no cuenten conmigo para defender al fiscal Antonio Huélamo que no apoyó la demanda que pide medidas cautelares preventivas cuando aún se está a tiempo.
Que no cuenten conmigo para salir a la calle a defender esa libertad de expresión. Tengo todavía demasiado fresca la memoria de cuando en mi país las cárceles estaban llenas de gente por defender ese derecho indispensable de una sociedad libre. Bromas, ni media.