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"Iniesta y Eusebio"

Cuando Andrés Iniesta nos salvó a todos, Eusebio agarró su camiseta roja y la besó hasta empaparla. Saltó y gritó de alegría porque un jugador que hace tres meses ni conocía había conseguido que España fuera Campeona del Mundo de Fútbol.
Los seres humanos somos muy parecidos unos a otros. Los humanos reaccionamos extraordinariamente a las emociones y por encima de todas ellas al amor.
Eusebio Asumu Masa es guineano. Ya os hablé de él el 19 de Mayo pasado, en "La Ilusión". Nació hace aproximadamente 19 años, nadie lo sabe con exactitud, en un poblado de un bosque y no vio la luz eléctrica ni el agua corriente hasta que lo abandonaron en la ciudad. Su aspecto producía miedo. Ese ojo desorbitado le alejaba de la gente. Sobrevivió porque las Hermanas Hospitalarias del Sgdo Corazón de Jesús, le ayudaron. Esas monjas llevan 130 años trabajando en distintas partes del mundo ayudando a los más pobres de los pobres que sufren enfermedades mentales. Si queréis conocer mejor su orden entrad en http://www.hospitalarias.org/Objects/Home1.asp.
Eusebio nunca conoció a sus padres, nunca los tuvo; fue abandonado al nacer. Alguna culpa tendría ese bulto deforme que creció sin parar ni un solo día y que, sólo gracias a un diagnóstico certero, empezó a dejar de ser una condena.
Las hermanas consiguieron que unos doctores españoles que, como tantos otros, anualmente operan gratis en África, le visitaran y le dijeran cuáles eran sus esperanzas.
Antonio Moreno, oftalmólogo y José Antonio Carmona, anestesista, podían ayudarle pero no en Guinea, tendría que viajar a España. Una familia malagueña se ocuparía de él mientras llegaba esa operación cargada de incógnitas. Sabían que esa decisión era arriesgada, y sabían que una vez que Eusebio pasara a formar parte de sus vidas, llegaría el día de una ruptura insoportable.
Fue operado; las manos hábiles del cirujano máxilofacial José Luis Salinas, hicieron su trabajo y ese ojo ciclópeo se liberó del tumor y recuperó, poco a poco, la vista. Fue una operación muy especial en la que colaboraron varios especialistas. Una operación que salió bien.
Eusebio ha aprendido cosas importantes en esta familia entregada: ha aprendido a no tener miedo, a leer, a escuchar, a escribir y dibujar, a abrazar, a hablar en español, a usar cubiertos, a reír, a ducharse y vestirse; ha aprendido a jugar y a divertirse. Ha aprendido todo eso sin necesidad de arrastrarse para sobrevivir.
Ahora han llegado las lágrimas y han vuelto los miedos. Ahora está aprendiendo a aceptar que su tiempo en nuestro país se acaba; que tiene que volver a ese lugar que es su casa, donde vive su familia o lo que más se parezca a ella.
Lleva horas aterrado. Lleva horas sollozando. Largas horas rompiendo el corazón de estos malagueños que sabían, cuando aceptaron acogerle, que llegarían estos momentos de desgarro. Eusebio no ha terminado aun de aprender pero su realidad, de momento, es que en 48 horas deberá coger un avión y volar.
Se llevará su camiseta de nuestra selección y algunas cosas más.
Se llevará el amor y la entrega que, a manos llenas, le han dado en Málaga.
Se llevará el deseo profundo de volver y, estoy totalmente segura de que, dueño ya de su vida decidirá hacerlo en cuanto le sea posible. Estoy convencida de que el amor que ha conocido le enseñará el camino de retorno; nadie podrá pararle.
Eusebio estudiará en España, vivirá en España.
Eusebio escogerá vivir allá donde ha aprendido lo más importante: le han amado, le han curado y le han devuelto la dignidad.
África es hoy un continente cercano en nuestros corazones. África nos ha llenado de felicidad y ha colmado nuestros sueños. África está llena de eusebios que nunca tendrán la suerte que él sí tuvo de que aquella hermana Sonsoles se parara un día en medio de una calle y decidiera que esa cara deforme podría tener arreglo en nuestro país.
África es Eusebio hoy para nosotros Boleros.