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Desde Islandia

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No conocía Islandia. El "culpable" de mi viaje a este país es Javier Sardá y su "Dutifrí"
Quizá algunos no entendáis que a veces viajar no es lo que más feliz te hace.
Hoy cuando ha sonado el despertador en Madrid tras menos horas de sueño de lo conveniente, he pensado que en mala hora me había comprometdo con Javier.
Además, hoy era el concierto de mi niño en Las Ventas. A estas horas ya habrá salido a hombros.
Cuando escribo este post en Reykjavik, empiezan a llegarme los sms de Madrid cargados de adjetivos que comparto al 100x100 aún sin haber estado allí en carne mortal. Miguel ha vuelto a triunfar.
Pero viajar siempre te reserva algún premio: Islandia es un país de dimensiones humanas, muy pequeño, donde la gente aún no necesita gritar para hacerse sitio.
Lo primero que me ha chocado ha sido que no hay árboles; desde el avión se ven glaciares, ríos salmoneros, geisers, lagos...pero no se ven bosques ni se ven árboles.
Aquí viven sólo 312.000 personas que a mí me ha parecido poquisimas.
No tienen problema de fuentes de energía porque su suelo es una bomba de calor.
Viven en casas bajas y les sobra terreno. No hay paro.
No hay oscuridad en esta época del año: así como suena, no se hace de noche. Os estoy escribiendo a las 11 de la noche pero aquí no ha llegado la noche, ni se la espera.
Sardá me ha dicho que debajo de esa alegría que venden a los nuevos que llegamos hay sufrimiento y hay suicidios, sobre todo de adolescentes. No aguantan los largos inviernos sin ver la luz; justamente lo contrario de lo que tienen ahora y se pegan un tiro con la escopeta de caza de sus padres.
A mí me ha gustado llegar a un país sencillo y pequeño; asequible.
De momento no me ha molestado el ruído ni las alturas de los edifcios porque no existen.
No he visto lujo. De momento todo me está resultado cómodo.
La foto que os mando es del hotel donde vivimos antes de que lo restauraran hace dos siglos, cuando este país era aún Dinamarca.
Mañana iremos a grabar a un lugar mágico. Hasta que no lo vea no quiero adelantaros nada.
Mientras tanto no logro quitarme de la cabeza a los camioneros y sus familias.
Quiero mandar desde muchos kilómetros de distancia mi pésame y mi ánimo a los que se han quedado en el camino.
El precio del petróleo es intolerable pero el de los piquetes lo es más.
No sé si os pasará a vosotros, pero a mí me parece que no es bueno repetir hasta agrandarla que nuestro país vive una crisis peligrosa. ¿No os parece que sería más inteligente empujar todos en el mismo sentido para salir adelante?
Ayer os hice caso y comprobé hasta dónde llega "el poder de una caricia". Pierden la memoria de las palabras, pero es cierto que tienen vivo por mucho mas tiempo el de las caricias.
Ayer os sentí más cerca que nunca. Gracias por tanto apoyo "sin excepción", como os gusta decir a much@s de vosotros.