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La caricia del mar

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Llevo dos horas escuchando el mar.
Podría describiros la espuma salada contra las rocas.
Podría deciros que es una sensación parecida a lavarte la cabeza con un buen champú mientras te entretienes haciendo espuma con tu pelo.
Podría pasarme toda la noche en este hotel sin dormir, escuchando el mar calmarse sin acabar de silenciarse del todo.
He terminado dos entrevistas y me esperaba un nuevo libro: 'Mal de piedras', de Milena Agus en Siruela.
 
Empezar un libro es también un momento cargado de esperanza. Soy partidaria de dar oportunidades limitadas a un libro. Me niego a obligarme a seguir lo que no me ha atrapado (es curioso que siempre uso la palabra "atrapar" para describir algo bueno, seguro que alguno encontráis una explicación a eso...)
A un libro le doy 50 páginas de crédito; aunque me equivoque y seguro que me pasará, suelo cerrarlo y olvidarme de su existencia si no me ha atrapado (otra vez).
Aprovecho este silencio en la habitación del hotel para leeros.
Escucho el mar ir y venir mientras os leo. Soy feliz levantando la piel de vuestros mensajes. Ya os voy conociendo y espero algunas reacciones. No me defraudáis. Astrágalo no me ha fallado, os lo dije.
Hoy he hecho dos entrevistas largas para 'Diario de...', de esas que te obligan a escuchar con la máxima atención. Una era todo verdad. La otra era una gran fantasía. Uno es un hombre libre y bueno. El otro es un chico encadenado a una historia que no le pertenece y quiere hacer suya. Viven en la misma ciudad, donde sigo escuchando el mar que no quiere dormir.
Me habéis regalado vuestros besos y vuestras lecturas.
He recordado mis besos y mis libros de vuestra mano, los he olido otra vez como tú, Hikary.
Me ha vuelto a abrazar aquel desconocido, como en la foto. Ha vuelto a coger con su mano grande mi hombro, como en la foto y después la cara y después ha desaparecido la realidad y se ha congelado el tiempo.
He vuelto a leer de vuestra mano libros que ya olvidé.
Olvido tanto leyendo que decidí no preocuparme más: volveré a disfrutar de ellos y volveré a olvidarlos.
¡Noenur te entiendo tan bien! A mí me pasaba eso con la música clásica. Por suerte un amigo me llevó de la mano sin acomplejarme. Hoy camino sola.
Te diría muchos libros que quizá te ayudaran pero ¿y si no acierto? Si no acierto no me perdonaría nunca no haberte ayudado a alcanzar el arma más potente que conozco contra la soledad y el desánimo: un buen libro.
Algunos le dáis títulos, lo dejo en vuestras manos y os propongo algo más: vamos a hacer nuestra biblioteca particular: la biblioteca que nos salga del bolo. Una biblioteca tan caprichosa como queramos, una biblioteca que nos ilumine el camino de velitas encendidas para el resto de la vida.
Hoy tengo como Pedro Salinas, Pinocho: "resistencia a separarme" de vosotros. Me quedan tantos comentarios por leer y casi ya no se oye ni el mar!
Tengo que dormir un rato.
Primer beso, primer libro, primer 'Gran Hermano'.
Nunca lo olvidaré ...o quizá me pasará como con los libros?
23 de abril de 2000: ocho años observando la vida por el ojo de la cerradura y aprendiendo de mí misma a través de mis valientes. Ocho años dando gracias a Pilar Blasco por haber descolgado con miedo aquel teléfono que me metió en el barco de 'Gran Hermano'.
Nunca lo agradeceré bastante. A ella y a todos los que lo hicieron posible, a todos.