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Otra muerte inútil más

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Era la 1:32 de la madrugada cuando terminé de escribir sobre Telma Ortiz y envié el texto a Sandra y Yasmina.
En ese momento Juan Manuel Piñuel llevaría un rato haciendo su guardia.
Anoche le tocaba a él. No sé si en su garita de Legutiano tendría televisión o pasaría el tiempo escuchando la radio. Quizá se entretenía leyendo una novela de esas de Lorenzo Silva que tan bien retratan la vida de policías y guardias civiles.
Se iba acercando el fin de su vida sin que él se percatara ni le dieran tiempo a dejar nada arreglado, sin que pudiera ni despedirse de su niño de 5 años ni decirle cuánto la había querido a su mujer que le esperaba en Málaga.
Los etarras habían preparado minuciosamente la bomba asesina que, de haber funcionado como preveían, iba a producir una masacre.
Manolo un buen tío trabajador y muy deportista, como le conocían en su barrio, había pedido el traslado a Álava para, como tantos guardias civiles, conseguir la preferencia y poder volver con su familia. Son 36 meses obligados de los que muchos cuentan hasta las horas. El miedo no les abandona nunca; son objetivos permanentes de la banda terrorista.
Poco antes de la 5 de la madrugada sospechó de una furgoneta mal aparcada y avisó de ello. No le dio tiempo a evitar la muerte. Otras tres personas quedaron heridas y muchas aterrorizadas.
El terrorismo: la lucha de esos 'gudaris' por la liberación del pueblo vasco tenía en su haber una muerte inútil más. Otro desgarro insoportable que no conducirá a nada.
Admiración me recrimina que escriba sobre Telma Ortiz y no sobre este atentado. Espero que ahora me entiendas mejor: no nos callarán jamás. Gracias por echarme de menos.