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Aunque parezca mentira

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Si hoy fueran los Santos Inocentes hubiera sido fácil descubrirlo.
Esta mañana he tenido que leer dos veces la noticia en la web de El Mundo para dar crédito a lo que leía.
Me he puesto en el lugar de la funcionaria de prisiones que entraba al lavabo de mujeres de la prisión de Palma a hacer sus necesidades y se ha encontrado 'el pastel'. Un recluso salía de allí abrochándose apresuradamente la bragueta y tras él, según la descripción de esa empleada del estado, allí estaba también un funcionario de vigilancia penitenciaria, que se dice pronto, según explicación del propio recluso, que le acababa de hacer una felación en toda regla.
Mis preguntas, aún sin respuesta, son:
¿Cuál será la relación entre esos dos hombres?
¿Eran dos hombres libres solucionando un calentón?
¿Estaremos ante un servicio pagado en especies? ¿Qué especies?
¿Sería más lógico pensar que el preso fuera el activo y el funcionario el pasivo?
¿No hay que ser muy valiente para denunciar a un compañero en esas circunstancias como ha hecho la funcionaria?
¿Cómo habrá sido el interrogatorio de los superiores cuando han sido informados del suceso?
¿Dónde se querría meter el felador ante las preguntas de sus superiores?
¿Qué estará pasando en estos instantes por su cabeza?
Las ultimas informaciones son que a la espera de contrastar con todas la fuentes, el funcionario felador, ha sido suspendido de su empleo.
La vida, una vez más, va más lejos que nuestra imaginación.
Ya lo decía 'El Diablo Cojuelo': si se levantaran los tejados de nuestras casas no podríamos creer lo que vemos.