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El tesoro

No conozco personalmente a Pep Guardiola. No soy culé como mi amiga Montse. No me apasiona el fútbol aunque sí me gusta ver algunos partidos especiales. Envidio a los forofos de cualquier equipo porque les veo gozar y sufrir y por lo tanto estar vivos. Me gusta percibir la pasión que producen los deportes de competición y por encima de todo me gustan los deportistas.
Cuando empecé periodismo sólo me fijaba en las noticias políticas; el deporte no me hacía perder ni un segundo leyendo el periódico o viendo la televisión, más bien lo despreciaba :"el opio del pueblo" solíamos decir en esos años negros de dictadura implacable.
Pero cuando me tocó trabajar cerca de ellos, los deportistas me enseñaron lo equivocada que estaba, me enseñaron sin darse apenas cuenta muchas de las cosas que me han sido útiles en la vida: el esfuerzo, el rigor, la ambición, la constancia...y el despelote.
Hoy quería escribir sobre Pep Guardiola, quería intentar atrapar la razón de su éxito, analizar lo que este chico ha hecho en un club de fútbol para ver si su método podía valer para otros campos donde tan necesarias son las ideas nuevas que nos hagan salir de callejones oscuros de crisis.
Mi hermana Clementina, ya os he hablado de ella otras veces, me facilitó una entrevista con Manel Estiarte que tenía que ser el hombre que me diera las pistas para entender el trabajo del entrenador del Barça. Manel Estiarte trabaja, desde hace un año, como jefe de relaciones externas del Fútbol Club Barcelona pero para mí, haga lo que haga, nunca dejará de ser uno de los mejores deportistas de la historia de nuestro país. Manel es nadador por encima de cualquier otra cosa a la que se dedique.
Nos sentamos a tomar un café en el hotel OMM, en Barcelona, y me dispuse a tomar notas sobre Guardiola, su amigo del alma, Pep Guardiola: el hombre 10 del momento. Esas notas existen y quizá hasta os hable algún día de ellas pero ahora prefiero recomendaros vivamente un libro: "Todos mis hermanos" de Manel Estiarte.
Ya os lo he dicho: los deportistas me enseñaron cosas muy valiosas y este chico en su libro me ha hecho recordar algunas de ellas y volver a ponerlas en los primeros lugares de mi escala de valores. No voy a explicaros más, no voy a adelantaros nada para que os ocurra como a mí: cuando Manel os coja de la mano y recorráis junto a él algunos años de su vida por esas páginas, sentiréis la emoción, la amistad, el compañerismo, el dolor y la felicidad tal como él la sintió y agradeceréis que la Editorial Plataforma, lo haya publicado.
Cuando ayer lo terminé, empecé a entender que la unión Guardiola-Estiarte es una bomba. Esa pareja de viejos amigos se han hecho con el Barça y esto no hay quien lo pare, como suele decir mi amigo Rafael Zabala.
Todas las caraterísticas que definen a un deportista de élite, a un campeón potente, sirven para racionalizar el trabajo de un grupo humano, el que sea: la sensatez, el órden, la seriedad, el no-cuento, el trabajo sin tregua. Son algunas de las cualidades que han hecho que los mismos jugadores que hace un año perdían partidos, ahora ganen campeonatos y sean reconocidos hasta por sus enemigos más acérrimos. De todo ello me interesaba aprender.
Estos dos deportistas que, además, se quieren profundamente han hecho lo razonable, así de simple y así de complejo. Su tesoro ha sido aportar todo lo que aprendieron en sus años de competición pura y dura y ponerlo en práctica haciéndose respetar. Cada uno en su campo; uno con los jugadores, el otro con todo lo demás.
¿Y si resultara que el gran secreto está delante de nuestros ojos pero no lo vemos porque hemos complicado demasiado las cosas? Quizá se trate de hacer que lo razonable sea real sin desgastar energía innecesariamente. Comer lo razonable, dormir lo razonable, entrenar lo razonable, hablar lo razonable, en definitiva: cumplir honestamente con el encargo e incluso caer y perder como ayer en Mallorca cuando lo único que se escucha son las trompetas del triunfo.
Cuando hayáis leído a Estiarte quizá nos sea más fácil analizar la razón del éxito del "método Guardiola", cuando os hayáis bebido "Todos mis hermanos" os contaré la historia de Valentina...que no Clementina y quizá entonces podamos sacar conclusiones y encontrar el tesoro.