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Arlès, la ciudad que inspiró a Van Gogh y que Picasso adoró

Arlès, la ciudad que inspiró a Van Gogh y que Picasso adorótelecinco.es
Pensad en una obra de Van Gogh. Es probable que se pintara aquí. Pensad en uno de los cuadros del ‘loco del pelo rojo’  que han alcanzado mayores precios en el mercado internacional. Seguro que lo concibió aquí. Vincent Van Gogh vivió apenas 15 meses en Arlès, pero de ese periodo se conservan más de 300 obras de enorme calidad. Hoy nos paseamos por una  maravillosa ciudad llena de historia, cultura y ocio. Uno de esos lugares que tiene de todo y en el que percibes que sus habitantes saben vivir...
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El principio de la historia está en los romanos, claro.Ellos encontraron un espacio perfecto a orillas del poderoso Ródano y tomaron una ciudad en la que después construyeron todos los edificios en torno a los que estructuraban su sociedad. Algunos de ellos sobreviven, otros no, pero incluso sin existir siguen siendo los lugares que articulan el ‘Arlès’ moderno.
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Uno de esos monumentos es el Teatro antiguo al aire libre que data del I siglo a.C. Todavía acoge conciertos y, en verano, festivales teatrales de diversa índole. Sigue conservando una capacidad considerable aunque en sus buenos tiempos podía albergar hasta 10.000 personas . Fue el segundo más grande del sur de Francia, pero hoy es casi un milagro que todavía conserve algo de su estructura porque durante siglos sirvió como cantera para levantar otros edificios. Mirad la inmensa columna de la derecha…El escenario estaba compuesto por 100 como ella. Debía de ser todo un espectáculo solo entrar en él. 
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Mucho mejor conservado que el teatro está el anfiteatro, edificio que durante el apogeo de la Galia romana tenía toda aquella ciudad que tuviera cierta importancia. Allí se producía el espectáculo más popular entre el vulgo: batallas a muerte entre los gladiadores y las fieras. Después se reconvirtió y es lo que hoy llamados les Arènes donde todavía se celebran corridas de toros, festejos que los españoles introdujeron en la Camargue en el siglo XIX. El coso es particularmente hermoso y fue pintado en numerosas ocasiones por Picasso que adoraba la ciudad porque le recordaba a su Andalucía natal.  Veraneaba en ella siempre que podía. Lo hacía en un hotel  que todavía existe bajo el nombre de Grand Hotel Nord-Pinus. Situado en la Plaza del Forum , era también el emplazamiento del antiguo Foro Romano y allí nos topamos con el café más famoso de toda la población porque fue inmortalizado por el genial Van Gogh. Es ‘Le Café le Soir’ cuya fachada conserva el color amarillo que recordamos del cuadro.
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El genio holandés llegó a Arlès casi de casualidad. Dicen que su objetivo era Marsella, la capital de su admirado Monticelli, pero una nevada impidió al tren seguir. Descendió aquí y se enamoró del lugar, de su gente y sobre todo de su luz, fuerte y luminosa como un fogonazo en la cara. Van Gogh se instala en el número 2 de la place Lamartine que se convertirá en la famosa ‘casa amarilla’ en la que pretendía crear una asociación de amigos artistas similar a la que había en Holanda.
Hoy esa casa, que se destruyó en un incendio es una pizería en la que los lugareños toman café y disfrutan del sol. Posiblemente nadie recuerda lo que allí ocurrió hace más de un siglo. Hablo del episodio más trágico de la vida del loco de pelo rojo. Durante muchos años se dijo que tras una discusión había amenazado con una navaja a su amigo Gauguin y después con la misma cuchilla se había cortado una oreja que regaló a una prostituta. Ahora parece que fue el propio Gauguin  quién pudo rajar al holandés en el trascurso de una bronca tras lo cual los dos decidieron cambiar la versión para proteger al pintor de francés.
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Bajo la Place du Forum, encontramos uno de los monumentos más misteriosos del Arlès romano, los criptopórticos. Se trata de una especie de cimientos subterráneos a modo de galerías que nadie sabe para qué servían. Hay quién piensa que eran almacenes. Otros dicen que se trataba de un emplazamiento defensivo que también se utilizó durante la Segunda Guerra Mundial para esquivar a los nazis…Lo único claro es que la ciudad está construida sobre un peñón y para levantar grandes construcciones se hubiera necesitado un elemento arquitectónico como el que aquí encontramos.
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En la Place de la République, la misma en la que encontraréis un enorme obelisco, se ubica la iglesia de St-Trophime, un importante centro religioso que ejerció de Catedral durante la Edad Media. Arlès es muy española, quizá la más hispana de todas las ciudades franceses. La conexión es clara, tanto es así que es imposible no sentirse un poco como en casa cuando paseas por sus calles y hablas con su gente. Fue así como me encontré con Valérie , dueña junto con su hermano del Restaurante ‘El Paseo,’ un precioso local que han convertido en un altar al mundo de toreo al que se dedica su familia. Desde su abuelo, Juan Leal todos sus parientes masculinos han sido toreros y han hecho el paseíllo en Las Arènes.
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Valérie es francesa de nacimiento, pero española de corazón. Sus progenitores fueron inmigrantes de nuestro país que pasaron por Arlès camino de Niza. Su padre se enteró de que había feria, se bajó del tren para ver los toros…Y hasta hoy. En su restaurante incluso podréis ver el traje con el que tomó la alternativa su hermano Fréderic, diseñado por otro genio ‘arlésien’, Christian Lacroix. Las creaciones del modisto y toda su carrera están impregnadas de este ambiente del sur, de los toros y de las fiestas gitanas de la Camarga con las que creció.
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Y hay otro genio de este siglo que pronto añadirá su nombre a la ya larga lista de talentos vinculados a Arlès. Es el arquitecto canadiense Frank Gehry que ha diseñado la torre del LUMA, un ambicioso macro-proyecto que acogerá a artistas en formación, pero también a otros consagrados. Se inaugurará el año que viene y si las expectativas se cumplen, será uno de los grandes centros de desarrollo de las Bellas Artes en Europa.
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Arlès es especial y diferente. Es distinta al resto de Francia, pero a la vez muy próxima a España…Es una preciosa ciudad llena de historia, cultura y tradiciones que ha servido de inspiración a grandes talentos. Bien vale un viaje…o dos. Nunca defrauda.