Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar nuestros servicios, analizar y personalizar tu navegación, mostrar publicidad y facilitarte publicidad relacionada con tus preferencias. Si sigues navegando por nuestra web, consideramos que aceptas su uso. Puedes cambiar la configuración u obtener más información aquí.

La epidemia de la sonda

Y aunque se trata de una enfermedad muy dolorosa, al comercial de ventas le hace gracia eso de llevar una sonda como si fuera su sombra.  En la clínica en la que le han atendido parece que esto es la última moda. ¿Qué el paciente no se cuida? No hay problema, se le adjudica una sonda permanente, de última generación y en absoluto pesada, de tal forma que pueda evacuar todos los líquidos que ingiera, al momento.
 
Jesús, además, se jacta de no tener que esperar colas en el baño y de poder miccionar delante de la gente sin que nadie pueda recriminárselo. Tan contento se le ve con el invento, que Julián, el responsable de ventas, y Benito, el segurata, se apuntan a la nueva moda. Mientras, Bernardo, con indignación y cierta curiosidad, recrimina a sus compañeros que parece que llevan "la cosita fuera" todo el día.
 
Sin embargo, el contable no puede reprimir su curiosidad y termina adquiriendo una sonda en la prestigiosa clínica. Estar enfermo en esta oficina de locos no es condición 'sin en qua non' para fardar de aparatejo. Sin embargo, la más perjudicada de todo esto es Choches, que cada vez que se quitan la sonda dejan un sospechoso rastro de gotitas frete a la puerta del cuarto de baño difíciles de eliminar.