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Natalia: "Que me quite a mi marido vale, pero mi dinero no"

En este nuevo caso de 'De Buena Ley', Natalia demanda a Mamen por no pagarle las reformas que, su entonces marido, le hizo a ésta en su casa. Ahora, el marido y socio de la empresa de reformas de Natalia es el novio de Mamen, por lo que ésta dice que esas reformas eran para disfrute de él y, por eso, se niega a pagar ni un euro.
Natalia, la demandante , exige a Mamen los 15.000€ que costó la reforma que la empresa de la demandante, formada por ella y su ex marido, le llevaron a cabo en su casa. "Yo estoy aquí por que mi marido y yo tenemos una empresa de reformas, siempre nos ha ido muy bien, tanto profesionalmente como personalmente, hasta hace tres meses que llegó esta señorita a vivir al edificio, necesitaba una reforma en su piso y yo mandé a mi marido para que se ocupara de esta reforma. Y no le basta sólamente con quedarse con mi marido, sino que también, no quiere pagar los 15.000€ de la reforma. Entonces, vale que se quede con mi marido pero con mi dinero no".
Mamen, la demandada , dijo negarse en rotundo a pagar ni un euro de la reforma, porque, puesto que el ex marido de Natalia era ahora su pareja, ella defiende que esa reforma es para disfrute propio, por lo que dice que no pagará nada. "Estoy aquí porque esta persona me está reclamando 15.000€ que yo, uno, no pienso pagar y dos, que con quien tiene que hablar es con la persona que me dijo que era gratis".
Natalia indignada le dijo que no estaba gratis, que eso era mentira, pero Mamen insistió que su ahora novio le dijo que le hacía todas las reformas de forma totalmente gratuita. Natalia fue clara en cuanto a eso, y le dijo que "Tú no le debes el dinero a él, se lo debes a la empresa". Mamen le contesto que "Resulta que la empresa está constituida por dos miembros, uno eres tú y el otro es tu ex pareja, que es, actualmente, mi pareja. Esta persona viene a mi domicilio porque tú me lo mandas a mi casa, se queda haciendo la reforma en mi casa y luego se queda a vivir en esta casa, con lo cual se está planteando como una reforma que ha hecho para su propia casa". Natalia le contestó rápidamente: "¿Cómo que para su propia casa? La reforma la pediste tú, y aprovechaste que yo mandé a mi marido, confiando en él plenamente, para que realizara la reforma, y tú te quedaste con él también". Tras varios reproches, enfrentamientos y gritos demostraron que no había posibilidad alguna de acuerdo entre ellas.
El veredicto
Al no haber acuerdo entre las partes, fue Don Gustavo Larraz, quien tomó una decisión sobre el caso. "Natalia, usted tiene constituida una empresa con su marido. Esa empresa tiene una personalidad jurídica propia, diferente a quienes la componen, de forma que lo que haga esa empresa no pertenece a lo que haga cada uno de ustedes individualmente. Usted, desde luego, debió hacer un contrato en cuanto a las reformas que le hizo a Mamen. Pero los contratos no son siempre escritos, hay lo que se llama contrato consensual, que tiene tres elementos: consentimiento, objeto y causa. Y yo he apreciado que esos elementos aquí existen. Yo entiendo que es válido un contrato consensual de reforma de obra que le ha hecho usted a Mamen, y esa obra, además, se ha hecho bien y en su periodo de tiempo, y se ha terminado. Mamen ha sido beneficiada, y Mamen, con ese contrato consensual, cuando ella lo convino, con usted, con su empresa, ella vivía sola en ese apartamento, de forma que ella era la destinataria, la responsable y la beneficiaria de esa reforma. El hecho de que su marido luego se haya juntado con ella a vivir es independiente y no debe afectar a la empresa. De forma y manera, que yo condeno a Mamen a pagarle a la empresa, no a usted, la cantidad que se había convenido, que fue de 15.000€. Ella está responsabilizada, plenamente, con ese pago, sin perjuicio que lo remita contra su marido o contra quien quiera pagarlo, pero es responsable directa de ese pago. Yo le voy a hacer finalmente una reflexión: El antídoto más efectivo contra la traición es la desconfianza, que usted no ha tenido. Y finalmente le mandaré un mensaje caribeño a su marido, a Germán: "Toma chocolate, paga lo que debes".