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(Perfil) Miki Oca, el arquitecto del gran salto

Oca culmina su tercer podio olímpico, el primero como técnico
El seleccionador Miki Oca ha culminado este jueves, desde el banquillo, el mayor éxito en la historia del waterpolo femenino español gracias a la medalla de plata cosechada en los Juegos de Londres, su tercera como olímpico y la constatación de que el esfuerzo es la llave que abre todas las puertas.
Oca (Madrid, 15/04/1970) siempre dedicó su vida al waterpolo. Como jugador lo ganó todo. Fue miembro de la generación que alcanzó el oro en Atlanta'96 tras la amarga plata de Barcelona y campeón del mundo en Perth, en 1998, cuatro años después del segundo puesto en Roma.
Su vida ha sido precisamente eso: superación tras superación. El madrileño, residente en Alcorcón, nunca logró sus sueños a la primera de cambio, necesitó darse de bruces para retomar el milagro, el mismo que ha conseguido con este grupo de jugadoras en su estreno olímpico, donde sólo han perdido un partido en toda la competición.
Oca, un delantero calculador de amplia trayectoria, destacó por su capacidad para interpretar los partidos como si estuviese fuera del agua. El seleccionador dejó el waterpolo y se dedicó a otros quehaceres. Primero fue la moda, donde abanderó la campaña publicitaria de una famosa marca y posteriormente, la televisión, abonado a los frecuentes 'realitys shows' de principios de década.
El seleccionador femenino, que llegó al cargo en 2010 tras la renuncia de Joan Jané, atravesó su época más difícil cuando tropezó con las drogas. Su adicción a la cocaína no impidió ver a un nuevo Miki Oca, renacido, recuperado, consciente de que en su vida todo lo había conseguido si antes superaba un resbalón.
Y fue sólo eso, un pequeño lunar que se ha encargado de borrar a base de trabajo, constancia y fe. De esto último, Oca sabe a raudales. El entrenador, que estrenó su condición de mister en el Ondarreta Alcorcón, afrontó con ilusión el reto de llevar las riendas del combinado nacional femenino, siempre con Londres como objetivo.
El equipo, que llegaba a la capital británica con la intención de alcanzar los cuartos de final como cima, ha dado la campanada de forma mayúscula. A su primer puesto en la fase de grupos llegó la trabajada victoria ante Gran Bretaña, la anfitriona, y el botín de la medalla que selló el partido ante Hungría. España no tenía techo, lo había dejado claro.
Además, este jueves 9 de agosto se cumplen 20 años de la derrota del equipo masculino en Barcelona '92, aquella que fusionó las lágrimas de Manel Estiarte con la piscina olímpica de Montjuic. Atlanta curó las heridas, pero dos décadas después el waterpolo español sigue recogiendo frutos.
Ni tan siquiera la renuncia de Blanca Gil, estrella mundial y mejor jugadora española, ha supuesto un hándicap para este grupo que se colgó el oro en el torneo Preolímpico de Trieste, donde superaron entre otras a la subcampeona mundial y europea, Grecia, y en la final a Italia, vigente campeona continental.
Hasta la fecha, España tenía en su palmarés --como mejor resultado-- la plata continental cosechada en Málaga, hace cuatro veranos, aunque ya avisó de sus intenciones en el Europeo de Eindhoven del pasado curso, donde sólo la presencia de Hungría impidió que las chicas de Oca saborearan las semifinales.
EL ÉXITO DEL SABADELL ASTRALPOOL MARCA EL CAMINO.
No es casualidad que el momento más brillante del waterpolo femenino haya llegado un año después del triunfo, en la Copa de Europa, del Sabadell Astralpool. Las catalanas firmaron un gran torneo, compitieron a las mil maravillas y derrotaron en la final al todopoderoso Catania.
En aquel equipo había seis componentes de la actual selección española. Laura Ester, Anni Espar, Pilar Peña, Matilde Ortiz y Jennifer Pareja, una de las banderas de este equipo, que han sabido seguir las huellas que les llevaron a lo más alto a nivel de clubes. Con su derrota (8-5) ante Estados Unidos han puesto un broche prácticamente inigualable.
El mismo éxito que cosechó la selección júnior el pasado verano, cuando se proclamó campeona del mundo también a las órdenes de Miki Oca. Helena Lloret, Marta Bach y la goleadora Roser Tarragó ya formaron parte de ese grupo y anunciaron que venían tiempos mejores para el waterpolo nacional.
La condición de debutante ha sido clave para perpetuar a un grupo que ha entrado --por derecho propio-- en la historia del olimpismo español y que ha abierto la puerta a muchas generaciones de niñas españolas, que han descubierto que también se puede disfrutar con un gorro, un balón y una piscina.