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Un análisis del viaje de Leticia a Alemania, a través las imágenes

No hay que dejarse engañar por esa foto tremendamente aburrida de Letizia Ortiz, tiene un enorme valor simbólico. Es la única en la que aparece sola de las cinco que ja distribuido la Casa Real de su primer viaje oficial sin Felipe. Seis años ha tardado la ex plebeya en demostrar que quizá puede ser clave para que la monarquía tenga cuerda para rato. Lejos, muy lejos, queda el "déjame hablar" con el que aquella muchacha, acostumbrada a ser una cabeza parlanchina en los telediarios, mandaba callar en la Zarzuela a su futuro maridito, Don Felipe Juan Pablo Alfonso de Todos los Santos de Borbón y Grecia.
La imagen es un ejemplo de manual de cómo debe ser una perfecta, estudiada y soporífera foto oficial. La retratada aparece matemáticamente contextualizada junto al logo de la Fundación en la que pronunció su discurso, dándose a entender que no ha ido precisamente a Berlín de picos pardos. Para rematar la faena y acentuar de paso su aire de chica laboriosa, Letizia incluso pronunció algunas palabras en alemán sin hacer el ridículo.
Ese documento gráfico viene a ser el diploma de graduación de su particular 'curso de Princesa', que comenzó en la famosa pedida de mano. En ese largo periplo Letizia ha perdido, claro, mucha de su espontaneidad. Hoy tiene cierto aire a muñeco de Museo de Cera. La mayoría de sus gestos son fríos, calculados y algo teatrales. El que ha captado la cámara es un buen ejemplo de ello. Como compensación ya puede salir sola de la Zarzuela, pero no para divertirse. Eso nunca.
La otra gran plebeya de las monarquías europeas de las últimas décadas, Diana de Gales, parece que arruinó las posibilidades de diversión de las cortesanas de los siguientes 100 años. Sus escarceos con playboys y el ser presa fácil de los paparazzi pusieron a la monarquía británica frente al abismo, ni las afiladas letras antimonárquicas de los Sex Pistols lograron algo así. Desde entonces, el lema que obsesivamente guía a las Casas Reales es el de nunca más otra Diana. No deja de ser increíble que hoy tener una reina más o menos desmelenada sea algo reservado a las repúblicas, como demuestra el caso Carla Bruni.
Todo en el primer viaje de Letizia 2.0 es aburrido: el destino, a una invernal y civilizadísima ciudad centroeuropea; la anfitriona, la desconocida esposa del presidente alemán; la agenda, de lo más formal y predecible; su vestuario, sobrio hasta decir basta; y las fotos, las oficiales y las no oficiales.
La única instantánea que de verdad puede salvarse de la quema es ésta de Associated Press, publicada por varios diarios. En la imagen, realizada con teleobjetivo y en la que un desenfoque selectivo aísla a la protagonista, el fotógrafo ha logrado captar un atisbo de la antigua Letizia. Su mirada denota cierta complicidad con la cámara.
La fijación por ella también se deja ver en las revistas del corazón de esta semana. En las fotos que aparecen en Hola sobre la visita a ARCO con Felipe, Letizia vuelve a ser la gran protagonista de la pareja. De las tres imágenes publicadas su marido sólo aparece en dos y en un evidente segundo plano en una de ellas-. Esa obsesión por perseguirla se deja ver también en el reportaje gráfico que les dedica Vanity Fair.
Total, que estando cada vez más presente el debate sobre si el modelo de monarquía constitucional tiene futuro o no, la imagen de Letizia está siendo mimada en extremo. Probablemente, en los próximos meses veamos que su papel puede llegar a ser tan decisivo, o incluso más, como el de Felipe de cara a sentarse en el trono.