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La historia de una injusticia

Javier Villanueva fue detenido el 28 de abril de 2004 en Bolivia acusado de participar en el atentado con bomba que causó la muerte de la fiscal Mónica Von Borries el 27 de febrero de ese año en la localidad bolivariana de Santa Cruz. Según la fiscalía, el acusado formaba parte de una supuesta banda criminal liderada por el italiano Marco Marino Diodato, los brasileños Ricardo Borba y Sandro De Carvalho y el boliviano Freddy Hurtado.
Diodato y De Carvalho no pudieron ser juzgados porque son prófugos de la justicia, mientras que Hurtado fue absuelto del delito de complicidad y Borba sentenciado a 15 años de cárcel por el mismo cargo. Por tanto, en una estrategia perfectamente estudiada por el gobierno del país sudamericano para culparle del crimen sin pruebas evidentes, el joven sevillano fue acusado de asesinato, pasando año y medio en Palmasola, una de las peores prisiones de Latinoamérica, siendo torturado hasta hacerle confesar el crimen, en una prueba patente de que a Javier se le escogió como cabeza de turco de manera injustificada, sólo por el hecho de encontrar un responsable ante la huída de los principales artifices.
El calvario por el que estaba pasando Javier en la cárcel de Palmasona, ve un poco la luz cuando consigue el arresto domiciliario, pero con una serie de condiciones muy estrictas que la familia, que reside en España y tiene múltiples dificultades para atenderlo, viajando en múltiples ocasiones a Bolivia para apoyar en primer persona a su hijo. Esta 'libertad' consiste en la detención domiciliaria durante 24 horas bajo la responsabilidad de la policía boliviana, junto con el pago de unan fianza por parte de la familia de 500.000 bolivianos de carácter real, unos 48.000 euros. Siempre que la justicia le daba la razón, el proceso se entorpecía con recursos para que el joven regresara a prisión, dejando patente el 'show' mediático de inculpación no probada en que la justicia boliviana había convertido el caso.
Con la resolución de la sala penal, se absuelve a Villanueva "al ser insuficientes los medios probatorios para poder demostrar la participación y responsabilidad penal" del joven. Por tanto, el sevillano se libró de una posible condena de treinta años, la máxima prevista en la ley boliviana, y pretende iniciar una nueva vida junto a su familia y a su novia, que es boliviana.
'El Programa de Ana Rosa' siguió muy de cerca su injusta encarcelación, pidiendo la justicia y el apoyo necesario para liberar a Javier, y poder traerlo de regreso a España. El sevillano siempre aprovechó cualquier declaración pública para agradecer al programa el apoyo y la ayuda recibida en los duros momentos. "Me acuerdo de todos, pero quiero dar un agradecimiento especial a Ana Rosa porque siempre ha estado conmigo".
Ya libre y feliz, visita 'El Programa de Ana Rosa' para contarnos su larga tortura, sus sentimientos más íntimos ante su liberación y regreso a España, y los planes de futuro tras vivir el mayor sufrimiento de su vida.