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Brasil se convierte en tetracampeona

Fue un Mundial que se celebró rodeado de una gran polémica. Era la primera vez que se elegía como sede un país sin ninguna tradición futbolística, como Estados Unidos. Pero lo cierto es que el evento tuvo un gran éxito y se registraron cifras históricas de asistencia de público y de recaudación económica. Además, fue el comienzo del desarrollo real del soccer en el país del football, del baseball y del basketball.
El Rose Bowl de Pasadena acogió la gran final entre las que entonces eran las dos mejores selecciones del planeta y también las más laureadas: Brasil e Italia. Fue una final en la que los dos equipos se mostraron demasiado respetuosos y que terminó con 0-0 después de los 90 minutos reglamentarios y los 30 de la prórroga.
En aquel partido estuvieron algunos de los mejores jugadores de la historia, tanto en la 'canarinha' como en la 'azzurra': Bebeto, Romario, Cafú, Dunga (actual seleccionador brasileño), Baresi, Maldini, Albertini, Donadoni o Roberto Baggio. En el banquillo de Brasil, un jovencísimo Ronaldo veía cómo su selección levantaba al final de la tanda de penaltis la Copa del Mundo.
Un codazo en la cara de todo un país
Fue Roberto Baggio, el crack de aquella selección, el que fallaría la pena máxima que le daba a los brasileños el tetracampeonato. Quizá un acto de justicia divina, pues Italia llegó hasta la final rodeado de una gran polémica. Se recordará siempre el partido de cuartos de final frente a España, por el famoso codazo de Tassotti a Luis Enrique.
Nunca antes los aficionados españoles se habían quedado con la cara de tontos con la que se quedaron en este Mundial. Después de una liguilla complicada, en la que a La Roja, por entonces entrenada por Javier Clemente, le tocó medirse a Corea del Sur, Alemania y Bolivia.
Los Caminero, Hierro, Zubizarreta, Bakero, Camarasa o Alkorta, entre otros, jugaron su mejor partido ante los italianos, pero no les sirvió para plantarse en semifinales. Dino Baggio adelantaría a los transalpinos y Caminero neutralizaba la ventaja con un golazo en la segunda parte. Julio Salinas pudo sentenciar, pero un fallo cuando se encontraba sólo ante Pagliuca lo impidió. Le persigue desde entonces.
Sandor Puhl se tragó el codazo de Tassotti al ex barcelonista, por entonces jugador del Real Madrid y ni siquiera la sangre a borbotones del asturiano ni su llanto sin consuelo le hicieron cambiar de opinión. España se volvía a casa en la que ha sido, una de las eliminaciones más frustrantes de su historia. Y Tassotti jamás volvió a jugar con su selección.
JNP