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Cataluña prohíbe las corridas de toros pero se siguen celebrando los 'correbous'

Las fiestas del toro embolao, como la que se celebra en Sant Carles de la Rápita (Tarragona) son muy populares en la zona. El Parlament no las ha prohibido porque el animal no muere, pero los antitaurinos dicen que el toro también sufre y quieren que esta tradición también termine.
Como manda la tradición del toro embolado, el animal es atado por una soga a un poste y allí se prenden dos bolas de fuego en su cabeza. El mozo corta la soga y el animal se suelta desesperado.
Pero el fuego que tiene sobre su cabeza, la gente y el ruedo le mantiene desorientado y asustado. "A estos toros, a estas vacas, las tratan bien en el campo y al fin de cuentas todos los animales tienen que morir", dice uno de los asistentes al espectáculo en la localidad.
Se les queman los ojos o mueren ahogados
Estos toros no mueren pero sí que sufren. Algunos se quedan ciegos porque el calor les quema los ojos o les alcanzan las chispas. En algunos pueblos les colocan pirotecnia en los cuernos y se han dado casos de astados que se han ahogado con la soga.
Los ecologistas sí denuncian el doble rasero de los diputados que prohíben las corridas y que defienden el toro embolao. Aunque muchos en la zona defienden su tradición.
Aquí nadie ha recogido firmas y no hay ninguna Iniciativa Popular. Toro y fuego se funden en una tradición muy arraigada al sur de Cataluña.