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Cazadores de Herederos

Cada año mueren en España muchas personas que no dejan testamento o si lo hacen no llega a sus legítimos herederos. Millones de euros retenidos en cuentas bancarias y propiedades que terminan olvidados y que finalmente se adueña el erario público.  Muchos millonarios en potencia viven ajenos a su suerte . Un equipo de investigadores y abogados se encargan de localizarles. Son los denominados "cazadores de herederos".

Su misión es seguir el rastro a unas tierras o unas cuentas que han permanecido inmóviles durante años.
Son abogados pero también investigadores que van tirando del hilo hasta encontrar al difunto propietario y a partir de ahí armar un árbol genealógico que puede remontarse hasta nueve generaciones.
 Cobran una comisión del 30 %, pero sólo cuando encuentran a los legítimos herederos de esa fortuna. Unos descendientes que han vivido durante años sin saber que eran poseedores de millones de euros.
Pilar es una de esas afortunadas. El abuelo de su abuelo no dejó bien especificado en el testamento las tierras que tenía y cuando falleció hace casi 150 años muchas de ellas pasaron al olvido.
Hoy esas tierras valen millones. Están situadas en una de las zonas urbanísticas de mayor auge en Madrid y esa herencia oculta la ha convertido en multimillonaria. “ Es como si de repente te tocara la lotería.
Con esto vamos a vivir posiblemente mi generación y la de mis hijos sin ningún problema”, nos cuenta orgullosa mientras observa los terrenos que le han correspondido.
En España, en el 90% de las herencias que se tramitan no se termina de traspasar el dinero correctamente desde todas las cuentas y lo que es más asombroso, un 30% de los difuntos dejan sus bienes sin herederos.
"Es muy importante hacer un buen testamento especificando todo. Porque ni los bancos, ni los registros, ni los notarios, ni las autoridades administrativas notificarán nunca la existencia de los bienes. O lo saben los herederos o nunca se van a enterar",  nos cuenta Pedro Fernández, abogado experto en herencias. 
El recelo existente a decir a los hijos o a los sobrinos lo que verdaderamente tienen provoca que cada año se queden flotando en el limbo más de 3000 millones de euros. Dinero y propiedades de difuntos que, si nadie las reclama, termina quedándose el estado.