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Conil de la Frontera, un paraíso al alcance de todos

Situado a 20 minutos de Cádiz, esta población cuenta con todo tipo de actividades de ocio. Sus calas paradisíacas y sus playas de arena blanca hacen de Conil uno de los destinos turísticos preferidos por los españoles.
Sobre todo para la gente joven, aunque claro está, a Conil de la Frontera está invitado todo tipo de gente. Su principal reclamo es sin duda la enorme playa que preside el pueblo: Kilómetros y kilómetros de arena blanca y numerosos chiringuitos en los que comer el típico pescadito frito por 10 euros (persona). Sin embargo, no es la única joya. En el puerto pesquero se puede disfrutar de la tradicional subasta del pescado, y muy cerca del puerto, atravesando los pinares del Roche, se encuentra la cala del aceite. Un coqueto lugar para quien busca algo de tranquilidad.
Conil es un pueblo costero que también destaca por su arquitectura. El blanco de las casas, de los establecimientos incluso el blanco de la fachada de la iglesia del pueblo se une al encanto de las casitas bajas. Así, un paseo por el pueblo a última hora de la tarde se convierte en una exquisitez gratuita. Comer por allí supone otro lujo. El precio en la mayoría de los establecimientos no llega a los 15 euros, y aunque el pescadito frito es lo más habitual en todas las cartas, también se pueden degustar buenas carnes. Solomillo al roquefort, la típica carne mechada.
La noche en Conil es una de las más conocidas de la costa gaditana. Establecimientos como la botellita, La Luna o La cochera son conocidos por la originalidad de su decoración. Sus terrazas con amplias palmeras en el centro hacen de ellas un lugar tranquilo a primera hora, e idóneo para una copa ya de madrugada. Pasar un agradable rato con los amigos se alarga hasta las 3 de la madrugada, hora en la que cierran los bares de copas. Entonces, se abre al público la carpa situada en el paseo marítimo, para quienes desean alargar la fiesta.
La principal actividad de la alfarería gaditana se ha desarrollado en Conil de la Frontera. En este pueblo se han utilizado mezcla de dos arcillas, una blanca y otra negra, para modelar macetas, a menudo decoradas, cántaros, comederos y bebederos. Toda esta alfarería se vende en pequeños comercios localizados en el centro.
Todo esto unido al habitual buen tiempo (en torno a los 28 grados en verano, 20 a partir de octubre) hacen de Conil de la Frontera un paraíso, como bien reza el título, al alcance de todos, y es que hospedarse allí no es ningún problema: Desde el camping de Roche hasta el hotel más caro los precios pueden oscilar entre los 10 euros por noche, a los 150. En la variedad está el gusto.