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Descubren dos patrones de vascularización tumoral que afectan al glioblastoma y a su tratamiento

Un estudio multidisciplinar del Instituto de Investigación Sanitaria INCLIVA han observado que existen dos patrones de vascularización tumoral que tienen efecto en el metabolismo del glioblastoma, su infiltración en los tejidos adyacentes y la respuesta del paciente a la terapia contra este cáncer cerebral, aunque no tiene una alta prevalencia resulta extremadamente agresivo ya que mata el paciente en menos de un año.
Al respecto, el investigador Daniel Monleón ha explicado, en una entrevista a Europa Press, que "se ha encontrado que desde el punto de vista de vascularización hay dos tipos de tumores, los que tienen una vascularización más eficiente y los que menos", aunque los dos son muy agresivos. Así, los primeros crecen muy rápidos "al estar muy bien nutridos", pero que "los segundos son más invasivos, se diseminan más" para poder obtener los nutrientes que necesitan para crecer.
Asimismo, ha destacado que los resultados de esta investigación, que cuenta con financiación desde 2007 del Ministerio de Economía y Tecnología, "no tiene por qué ser exclusivo del tumor cerebral", sino que podrían ser válidos para tumores "muy agresivos que tienen un crecimiento muy rápido en el que el proceso de vascularización es fundamental" como el cáncer de pulmón o el triple negativo de mama.
Monleón ha explicado que hace más de 10 años que empezaron a investigar el glioblastoma, el cáncer cerebral más frecuente, que se caracteriza por un rápido crecimiento, por lo que en la actualidad no existen opciones terapéuticas para curarlo. Así, participaron en un proyecto europeo para diseñar un método de diagnóstico no invasivo y observaron que "los resultados podían explicarse por el modo del que se nutren el tumor para crecer".
Al respecto, ha explicado que "todos los cánceres son un conjunto de células que crecen muy rápido y para ello necesitan combustible". Por ello, los oncólogos "pensaban que un modo teórico de matarlo es ahogándolo" ya que "si no tienen combustible no puede crecer y dejaría de matar". "Pero no siempre funciona", ha constatado.
De hecho, ha señalado que "funciona pocas veces porque las células cancerosas son muy flexibles y se adaptan muy bien a las situaciones" de modo que "buscan las comida en otro sitio y entonces es más difícil operar porque si está en el mismo sitio se puede extraer pero cuando se disemina es peor".
Así, desde hace más de 6 años en el Incliva investigan la relación entre los genes que producen esta red de vasos, el metabolismo tumoral y los cambios que experimentan el tumor en relación a los mismos en colaboración con el grupo del doctor Miguel Cerda, catedrático de la Universidad de Valencia, y el doctor José Manuel González Darder, jefe del servicio de neurocirugía del Hospital Clínico de Valencia.
El estudio, en el que intervienen neurocirujanos, patólogos, radiólogos, biólogos, ingenieros y químicos, entre otros, se desarrolla en colaboración con la Fundación de Enfermedades Neurológicas de la Infancia de Buenos Aires (Argentina), un centro de referencia en tumores cerebrales, con el que han compartido 150 biopsias.
RESPUESTA A LOS ANTIANGIOGÉNICOS
Así, combinando la información recogida de la genética del tumor, el metabolismo, la imagen y la respuesta "se llega a esta conclusión de que existen estos dos tipos". Por ello, algunos pacientes responden a los tratamientos con antiogénicos, que tienen como objetivo inhibir la angiogenésis, un proceso fisiológico que se basa en la formación de vasos sanguíneos nuevos a partir de los ya existentes. No obstante, ha matizado que "se trata de una respuesta tan ligera en la situación clínica que de hecho se llama pseudorespuesta".
Monleón ha apuntado que este proceso "no tiene por qué ser exclusivo del tumor cerebral" sino que "debe ser general". Por ello, están probando también con la doctora Ana LLuch, jefa del Servicio de Hematología y Oncología Médica del Hospital Clínico y lidera el Grupo de Investigación de INCLIVA en Biología en cáncer de mamá, "si el tumor más agresivo que, es el triple negativo, también se comporta de forma similar".
Una vez que se han comprobado estos dos procesos ha señalado que el siguiente paso es diseñar un modelo experimental con ratones en el laboratorio en los que probar los antiogénicos "sabiendo qué genes están implicados en la respuesta al tratamiento para intentar también inhibirlos".