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Imelda Marcos se siente "incomprendida" y dice que no se arrepiente de sus excesos

Imelda Marcos, durante su entrevista con Efe, cuando va a cumplir 80 años, en la que lamenta ser una "incomprendida" y no se arrepiente de ningún exceso durante las más de dos décadas en las que ella y su marido Ferdinand gobernaron con puño de hierro Filipinas. EFEtelecinco.es
Cuando va a cumplir 80 años, Imelda Marcos lamenta ser una "incomprendida" y no se arrepiente de ningún exceso durante las más de dos décadas en que su marido Ferdinand gobernó con puño de hierro Filipinas.
"Algún día se conocerá toda la verdad, estamos cada vez más cerca, y eso lo que todavía me da coraje para seguir viviendo", declaró en una entrevista concedida a Efe con motivo de su onomástica, que celebrará mañana rodeada de sus incondicionales en su isla natal de Leyte.
La ex primera dama filipina, famosa por su antigua colección de miles de zapatos y actualmente enzarzada en una batalla legal con las autoridades para recuperar sus joyas valoradas en 310 millones de dólares, afirma que toda la riqueza que en su día que acumuló pertenece al legado cultural del país.
"No fue para mí, lo traje todo para el pueblo filipino, jamás podré comprender por qué me lo quitaron, pues no era mío sino de todos los filipinos", insiste.
El semanario estadounidense "Newsweek" recientemente incluyó a Imelda en su lista de personajes más avariciosos de la historia y la acusó de gastarse de una sola vez cinco millones de dólares en compras en París o Nueva York mientras sus compatriotas pasaban hambre.
"Sí, claro que siempre quise acumular más y más cosas bellas, pero eso no es un crimen, pues no existe un exceso de belleza", argumenta.
Y va más allá: "Me han ridiculizado por excesiva y frívola, he sido perseguida, me he visto desahuciada y secuestrada. Pero la historia pone a todos en su sitio y con el tiempo se conocerá toda la verdad sobre la verdadera Imelda, no sólo la percepción que se tiene de mí."
La "Mariposa de Hierro", como fue conocida por su poder de seducción y afán de poder cuando su marido gobernaba el país, se llena de orgullo cuando insiste en que ningún tribunal jamás ha podido demostrar que sustrajo ni siquiera un céntimo de las arcas del Estado.
Hace justo 19 años y también en la fecha de su nacimiento, el juicio por corrupción y evasión de capitales abierta contra ella en Nueva York la absolvió de todos los cargos y allanó el camino para que pudiera regresar a Filipinas
"Fue una noche perfecta para mí, gané el proceso del siglo y salvé el honor de mi esposo", rememora Imelda, que guarda todos los documentos del caso en un salón de su amplio apartamento en un lujoso barrio residencial de Manila.
Tras pasar por un pasillo lleno de fotografías de sus encuentros con líderes mundiales como Mao Zedong, Fidel Castro o Sadam Husein, se llega a la enorme habitación presidida por un gigantesco retrato de Ferdinand, donde miles de carpetas y legajos de folios ordenados en filas y por orden alfabético son su defensa frente a las acusaciones de desfalco.
"Aquí está todo, cada movimiento de dinero, cada operación, ¿cómo pueden decir que robamos tanto si podemos justificarlo todo?", se queja Imelda mientras muestra a Efe los archivos correspondientes a históricos testaferros como el empresario Lucio Tan, uno de los hombres más ricos de Filipinas y a quien la ex primera dama reclama varias empresas que controló en nombre de Marcos.
"No ha habido ninguna condena en 23 años, he ganado todos los juicios y estoy seguro de que ganaré el único que tengo pendiente", adelanta la octogenaria.
Imelda aprovechó la ocasión para defender todas las decisiones de su marido, incluso la ley marcial que declaró en 1972 y se mantuvo hasta 1981, un periodo durante el cual Ferdinand le expuso las razones por las que se negó a aplicar la pena de muerte pese a que hubiera sido legal y en contra de su consejo.
"Me dijo que el poder no se usa, se siente. Es como una pistola con mil balas, cuando utilizas una, ya solo te quedan 999, y has perdido poder", recordó con lágrimas en los ojos.
Los Marcos tomaron el poder en 1965 y no lo abandonaron hasta 1986, cuando fueron derrocados por una revuelta popular apoyada por la Iglesia y los militares que llevó a la pareja y su familia al exilio en Hawai, donde Ferdinand falleció tres años después.
"Sin duda, ése fue el peor momento, fuimos desterrados sin haber cometido ningún crimen", confiesa la ex primera dama, quien reprochó a Estados Unidos su papel en la gestión de aquella crisis, pues su marido "siempre creyó en América hasta que fue engañado".
Imelda volvió a Filipinas en 1991 y hasta hoy, no ha pasado ni un día en la cárcel pese a las más de 400 denuncias presentadas contra ella y su entorno por malversación de entre 5.000 y 10.000 millones de dólares, según las estimaciones oficiales.