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Investigadores descubren una proteína clave para que los pacientes de cáncer hepático respondan a la quimioterapia

Investigadores de la Universidad de Salamanca han descubierto una proteína clave para que los pacientes con cáncer hepático respondan a la quimioterapia. En concreto, los investigadores han encontrado la explicación por la que el fármaco sorafenib ofrece resultados positivos en algunos pacientes de cáncer hepático, mientras que se muestra ineficaz para otros.
Una diferencia que, según los investigadores, se debe a que la proteína 'OCT1' actúa como puerta de entrada del fármaco en las células tumorales, de manera que los enfermos con niveles bajos de esta sustancia no responden al tratamiento.
A raíz de este descubrimiento, publicado en la revista 'Hepatology' y recogido por la plataforma Sinc, sería posible saber con antelación si la terapia va a ser adecuada para un paciente o si es mejor buscar una alternativa. Para corroborar estos resultados, los científicos salmantinos van a realizar un amplio estudio con la participación de varios hospitales europeos.
Habitualmente, el cáncer de hígado se detecta muy tarde, de manera que la cirugía queda descartada como solución y la radioterapia tampoco funciona. En general, los agentes quimioterápicos tampoco son demasiado eficaces con excepción del sorafenib, pero solo en algunos grupos de pacientes, según ha comprobado el Laboratorio de Hepatología Experimental y Vectorización de Fármacos (HEVEFARM), que dirige José Juan García Marín.
"La mayoría de los pacientes tienen bajo nivel de expresión de la proteína OCT1, que es la puerta de entrada de este fármaco a las células tumorales, lo cual podría explicar el fracaso de un fármaco que resulta efectivo para otros tumores", ha explicado una de las investigadoras del grupo, Rocío Rodríguez Macías.
Además, prosigue, entre un 40 por ciento y un 50 por ciento de los pacientes presenta variantes genéticas anormales del gen que codifica para esta proteína, lo cual hace que las proteínas no cumplan su función. Es decir, que al margen de que los niveles de OCT1 sean mayores o menores, el hecho de que esta proteína esté alterada hace que el fármaco no pueda penetrar en la célula tumoral.
Con estos elementos, los especialistas pueden saber con antelación si el tratamiento va a funcionar. "Si vemos que OCT1 está poco expresada o alterada, el paciente no sería un buen candidato para la terapia, estaría perdiendo tiempo que podría aprovechar en buscar otra opción terapéutica", ha apostillado Rodríguez Macías. En el caso contrario, los oncólogos contarían con una baza importante para apostar por esta vía.
Por el momento, el estudio se ha realizado en el ámbito de la biología molecular, con cultivos celulares. El siguiente paso es confirmar los resultados con muestras de pacientes, y para ello la Universidad de Salamanca cuenta con el respaldo de especialistas del hospital universitario de Würzburg (Alemania), que coordinarán la recogida de muestras de cerca de una veintena de centros hospitalarios europeos y que serán remitidas a la ciudad española para su análisis.
De hecho, en una primera fase se esperan recoger muestras de al menos un centenar de pacientes, de los cuales aproximadamente la mitad corresponderían a hepatocarcinomas tratados con sorafenib y con alguna variante inactivante de OCT1, y la otra mitad sin dichas variantes.
"Queremos ver si los niveles de expresión de esta proteína y de estas alteraciones genéticas se correlacionan con la respuesta que han tenido a la terapia", ha recalcado la investigadora, quien espera recibir las primeras muestras en febrero y no descarta que finalmente el estudio sea aún más amplio.