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Julio Aparicio dice que "la cornada no es algo desagradable sino un recuerdo bonito"

Julio Aparicio vuelve al ruedo el próximo domingo en Pontevedra, apenas dos meses y medio después de la terrorífica cornada en el cuello sufrida en Las Ventas, una herida ya curada que se palpa sin desagrado: "Es una cornada de un torero en Madrid que es una satisfacción", dijo el torero a Efe en una entrevista. EFEtelecinco.es
Julio Aparicio vuelve al ruedo el próximo domingo en Pontevedra, apenas dos meses y medio después de la terrorífica cornada en el cuello sufrida en Las Ventas, una herida ya curada que se palpa sin desagrado: "Es una cornada de un torero en Madrid que es una satisfacción".
"Claro que es una cicatriz que te ves, pero la veo desde un punto de vista positivo (...) No es que estuviera robando un banco y me pegaran un navajazo. Estaba en el centro de la plaza, en Madrid, en Las Ventas, delante de un toro, haciendo lo que me gusta", revela en una entrevista a Efe Julio Aparicio.
Y añade: "La vida me ha regalado seguir toreando, la veo -la cicatriz- y digo: ahí está, no la veo como algo desagradable sino como un recuerdo bonito".
Sereno e inquieto al mismo tiempo por pasar página y comenzar a escribir otras con el público y el toro, Aparicio vive esta semana rodeado de su cuadrilla y su hermana Pilar en su finca de Cáceres, donde vuelve a vestirse de luces para torear en su tentadero.
Tras lidiar dos toros con Efe de testigo, Aparicio se muestra seguro: "Me encuentro físicamente bien y anímicamente muy bien. Es muy positivo encontrarse con el toro porque delante de él es cuando ves si puedes llegar a donde tú quieres y hacer lo que quieres con el toro".
Treinta plazas esperan a Aparicio en una temporada que afronta "muy ilusionado" y que le llevará a Vitoria, Marbella o Gijón.
Con los billetes agotados, el segundo festejo de la feria de la virgen de la Peregrina de Pontevedra supone su resurrección como torero y, por eso, asegura, "será una tarde muy especial", aunque confiesa que "no ha cambiado nada".
"Sólo tengo una motivación diferente, significa mucho para mí después de un accidente muy desagradable, ya olvidado", insiste Aparicio que quiere difuminar definitivamente la sombra de la tragedia y sólo recordarla como un momento terrible superado "gracias a Dios y las circunstancias".
De esos días en el hospital, el diestro rememora los cientos de llamadas y mensajes recibidos desde Nueva York o Alemania preocupándose por su salud.
"Fue algo espectacular que al principio no podía asimilar", dice todavía sorprendido.
Con la sensación de volver a nacer, el sevillano subraya que es "un privilegio" estar en la vida y trabajar en lo que siempre ha sido su vocación, el toreo entendido "como un arte en el que se pone el cuerpo, el alma y el corazón".
El diestro sevillano de 41 años, despliega dentro y fuera del ruedo serenidad y sensibilidad, proyectadas en su mirada azul e impregnadas de duende gitano. "Hay una mezcla de sangre en mí que tiene mucha fuerza y que me hace tener una personalidad especial para el arte".
Esa faena artística es la quiere ver el público, dice Aparicio, que reconoce fijarse en otros toreros, sobre todo, en su padrino y amigo Curro Romero, si bien defiende que delante del toro cada uno tiene una forma de expresar sus sentimientos.
Aparicio tiene la voz sosegada, que tampoco se altera al ser preguntado por el debate abierto en Barcelona y ahora Madrid sobre la abolición de las corridas de toros, una polémica que asegura tiene poco en cuenta la opinión de profesionales.
"No creo que la palabra prohibir sea la más adecuada en democracia", asegura el diestro, que defiende los toros como parte de la idiosincrasia de España.
No se imagina el 90 por ciento de los pueblos de España sin vacas ni toros. Sería -dice- "tirar piedras sobre nuestras raíces". Así que sentencia: "A nadie le fuerzan para ir a una corrida de toros".