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El Madrid se da un homenaje

¿Dónde estaba el orgullo del Barça? El conjunto blaugrana pasó por el 'clásico' ya hundido, derrotado, incapaz de recuperarse de su línea decadente, la que le hizo apartarse bien pronto por la lucha por el título, hasta verse en el peor estado posible, lastimoso por momentos, en el partido del año. Su falta de actitud y motivación propició el abultado marcador que se vio en Chamartín.
El Barcelona llegó con un lazo, como el regalo que fue para el Madrid. Se presentó absolutamente fuera de lugar, como el invitado a la fiesta que no quiere molestar, despuntar, y que prefiere pasar inadvertido. No consiguieron escabullirse porque no podían y prefirieron ver cómo recibían los golpes uno a uno, gol a gol.
Parte del orgullo ya se lo habían dejado en casa. Cuando Deco y Eto'o se borraron al jugar con las tarjetas. Falta de compañerismo. No quisieron formar parte del partido, del pasillo, gesto deportivo que honra a quien lo hace, y que desprestigia a quien prefiere aguantar con los brazos en jarra primero, con las manos a la espalda después y con la barbilla bien subida, como Abidal. Incluso le costó darle la mano a Raúl.
Los de Rijkaard anduvieron por el campo e incluso olvidaron sus marcas por momentos. Gudjohnsen se fue al banco en el minuto 23 y Giovani, no pudo hacer nada entre el joven Bojan y el irreconocible Henry. El Madrid se mostró como el equipo que quiere ser y el Barcelona como la sombra del que fue. Cambio de cicló necesario que no es excusa para lo representado en el Berabéu.
Raúl abrió el marcador y avisó a una defensa blanda, sin ímpetu, de lo que se avecinaba. El Barça, que dejó jugar, cometío el error de encajar un gol en los primeros minutos, aquellos en los que si te marcan en campo hostil, sales con un saco de goles. Robben logró el segundo, de nuevo con la cabeza, consecutivo al de Pamplona, y rubricó su ascenso en este final de temporada.
Valdés, estático, fue la primera piedra que desencajó la estructura. Con inseguridad y desacierto restó a su equipo. Luego, y sin ser consecuencia, Xavi y Touré perdieron la batalla del centro del campo ante un Gago y Diarra en estado de gracia. Guti repartió juego a las bandas con Marcelo y Sneijder aprovechando todo su carril. Robben cuando se cambió a la izquierda, trajó de cabeza a un Puyol venido a menos.
Desde el banquillo
Higuaín y Van Nistelrooy, nada más salir, lograron sendos goles. El primero tras definir bien, ya aprendió, y el segundo tras un penalti por mano del capitán blaugrana. Con la grada pidiendo la 'manita' Henry reaccionó de su letargo. Estuvo perdido y protestó las continuas pérdidas de balón de sus compañeros. Ya la lió antaño en el Bernabéu, cuando vino vestido de 'Gunner'. En su vuelta se mostró perdido y sin capacidad de desborde, sin rastro del jugador que reinó en Londres. Cuando volvió a ser él por una jugada, logró el tanto que maquilló, aunque poco, el marcador.
Messi , genial, hizo la guerra por su cuenta y se mostró como el jugador mágico que es. Sólo Iker, ovacionado por la grada, lo evitó. El argentino nunca pierde la sonrisa, al menos en sus botas, la que sí que perdió Ronaldinho, eternamente sonriente, la que perdió Rijkaard, la que perdió el equipo blaugrana y que ahora debe buscar un modo para volver a sonreír.
Ficha técnica:
Real Madrid: Casillas, Sergio Ramos, Pepe, Heinze, Marcelo, Diarra, Guti (Robinho, m.72), Gago, Sneijder, Raúl (Van Nistelrooy, m.75), Robben (Higuaín, m.61).
Barcelona: Víctor Valdés; Zambrotta, Márquez (Sylvinho, m.46, Edmilson, m.60), Abidal, Xavi, Touré Yaya, Gudjohnsen (Giovani, m.23), Messi, Bojan, Henry, Messi.
Goles: 1-0: m.12: Raúl, desde el borde del área, 2-0: m.20: Robben cabecea una falta lanzada por Guti, 3-0: m.62: Higuaín culmina con un suave toque una buena jugada de Diarra. 4-0: m.77: Van Nistelrooy, 4-1: m.87: Henry.