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Ponte en mi lugar

Nuria, Amparo, Miguel y Rafa no eran conocidos hace tan sólo tres meses. Ahora la casualidad ha hecho que la gente les reconozca por la calle. Nuria y Miguel son ciegos afiliados a la ONCE; Amparo y Rafa son videntes, y compran todas las semanas el mismo número del cupón. Estos números coinciden con los del carnet de la ONCE de las dos personas invidentes. Unidos por un número, han sido los protagonistas de la última campaña publicitaria de la Organización Nacional de Ciegos. Hemos estado un día con las dos parejas para saber más sobre un mundo a ciegas.
Nuria tiene una enfermedad que ha ido dañando sus retinas en el último año. Antes veía perfectamente, pero ahora ve bultos, formas poco definidas. Amparo, su compañera de campaña publicitaria, la visita para saber como se va adaptando a un mundo nuevo para ella. Ha tenido que comprar una báscula y un termómetro con voz. “Ahora mi casa habla” dice entre risas.
Su familia también ha tenido que acostumbrarse a ciertas normas. Tienen que dejar todo siempre en el mismo sitio para que Nuria lo pueda localizar. “En la nevera, si ha mi me dejas la leche en otra balda, yo pienso que no hay”.
La pareja sale a dar una vuelta. Nuria hace apenas unos días que se atreve a salir sola, con bastón. Tiene que aprender a guiarse de su oído. “Me oriento por el ruido, por los golpecitos que da el bastón cuando lo muevo; también sabes calcular lo cerca que puede estar un coche cuando vas a cruzar”.“Lo peor es cuando hay ruidos fuertes, una ambulancia, por ejemplo, evita que puedas oír otros sonidos que te ayudan a situarte”.
En una cafetería Amparo le pregunta que como se maneja con la comida. Nuria parte el plato en cuatro, como si fuera un reloj (las 12, las 3, las 6). Coloca el pan en un sector, la tortilla en otro y el resto de comida en un tercero. “Así siempre sabes dónde está cada cosa”, explica. Para llenar un vaso sin que se desborde, ella va tocando el cristal por fuera y nota como se enfría mientras va subiendo. Es su forma de controlar el nivel.
“A mí hay una cosa que me parece curioso, cómo recuerdas las imágenes cuando no ves?” le pregunta Amparo. “Todos los recuerdos que tengo son de cuando podía ver bien. Ahora mi cerebro no archiva imágenes con la visibilidad mala. Espero que no se me olvide la cara de mis hijos, sería muy fuerte” contesta Nuria.
La historia de Miguel es muy diferente. Tiene una visibilidad muy reducida desde que nació. Él ya aprendió hace muchos años a vivir sin vista. Su compañero es Rafa y en cuanto empiezan el paseo surge la pregunta: “Miguel, tú como te manejas en la calle, con los ruidos?”. “Con los años el oído aprende a oír lo que quiere oír. Eres selectivo con lo que te interesa o lo que puede suponer un peligro”.
Miguel trabaja en un puesto de la ONCE. Enseña a su compañero como es trabajar sin ver, sobretodo con el dinero. Dobla varios billetes por la mitad y se los mete entremedias de los dedos. Él sabe si se trata de uno de 50, o uno de 20 por la longitud memorizada en su mano. Rafa hace una curiosa prueba: cierra los ojos e intenta diferenciar los billetes por el tamaño. No es nada fácil porque la diferencia es mínima. Con las monedas también hay truco. Cada canto es diferente. Al tocarlas, Miguel sabe si trata de una de 20 céntimos o de un euro. Tienen pequeñas líneas separadas que las diferencian unas de otras.
“Miguel, siempre he tenido una duda. Cuando te acuerdas de cosas, cuando tu cerebro crea imágenes de recuerdos, o los sueños…como los ves? tu mente crea imágenes perfectas? “No, yo creo imágenes tal y como yo las veo, no sé lo que veis vosotros, nunca lo he visto. Mi mundo lo imagino siempre bajo mi perspectiva”.
Los cuatro han estado unidos por una campaña publicitaria, antes no se conocían. Ahora han compartido amistad y una nueva forma de ver la vida.