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Supersubmarina en la rampa de lanzamiento: asistimos al ensayo general de su nueva gira

El barrio madrileño de Vallecas está en plena ebullición una tarde de miércoles cualquiera. Los comercios despachan lo que sea que despachen, los niños corretean en los parques desafiando al plomizo otoño, y los adultos apuran sus últimas obligaciones del día con rutinario ritmo marcial.
El mundo gira a su bola, en definitiva, mientras en el polígono del pueblo de Vallecas, base de operaciones de Supersubmarina durante los últimos días, se fragua una de las giras fundamentales de la música española para los próximos meses. No en vano, la banda de Baeza acaba de lanzar nuevo disco, 'Viento de Cara', que se colocó en el segundo puesto de la lista de ventas españolas, sólo superado por el poderío promocional y mercadotécnico de David Bustamante.
Valga este dato para poner en valor la relevancia de una banda que con el que es su tercer trabajo alcanza cierto punto de madurez después de foguearse de lo lindo con 'Electroviral' (2010) y 'Santacruz' (2012). Por eso ahora incluso se permiten el lujo de encerrarse en un amplio plató de televisión para preparar hasta el más mínimo detalle su regreso a los escenarios.
Y se permiten el lujo de hacer un ensayo general de la mano de Red Bull ante apenas medio centenar de personas, escogidas entre acalorados fans, miembros de su discográfica (Sony - Octubre Music) y periodistas para, de alguna manera, tomar la temperatura a lo que tienen entre manos antes del estreno oficial este viernes en Ciudad Real en un concierto para el que ya (oh sorpresa) no quedan entradas.
"Esto sirve para ajustar cosas que no se pueden ajustar en el local y para ver las cosas desde otra perspectiva. Además ayuda para que se te vaya un poco el miedo y afinar", explica a Europa Press el vocalista, José Chino, quien además recalca que han invertido su propio dinero para la puesta en escena, ya que es algo que hace que "la banda vaya creciendo tanto sonora como visualmente".
Un José Chino que, las cosas como son, se lleva prácticamente todas las miradas del público, mayoritariamente jovenzuelo y femenino, quizás por ese romanticismo inocente que desprenden las letras que él canta cada noche. Y esto es algo que también se comprueba en un ensayo general, pues entre los fans que ante el grupo se colocaron había clara mayoría de chicas entre embelesadas y cautivadas (o puede que cautivas, incluso).
Pero más allá de la figura del cantante, el escenario efectivamente ofrece muchos detalles que tampoco es cuestión de desvelar ahora antes de tiempo, pero sirvan las palabras del baterista Juanca como aperitivo: "Cuando estábamos con las mezclas del disco ya estábamos pensando qué hacer en directo. Nos gustaba el rollo vintage y queríamos conseguir una estética uniforme, de ahí los armarios de madera para los amplis".
Tampoco es momento ahora de destripar el repertorio de la gira, pero está claro que las canciones de 'Viento de Cara' son las protagonistas de una primera parte en la que se encadenan 'Samurai', 'De Doce a Doce y Cuarto', 'Hasta que Sangren' y 'Furia', entremezcladas con algunos guiños al pasado.
Basta la primera media hora para constatar que Supersubmarina sabe muy bien lo que quiere y que levanta con facilidad su habitual muro de guitarras (las pedaleras son bien jugosas, los aficionados al instrumento disfrutarían toqueteándolas), sobre el que fluyen las melodías arropadas por ese teclista que, como quinto elemento, aporta solidez a unos arreglos más rockeros que poperos y encaminados a impactar por la vía directa.
"Faltan copas y de todo, esto no parece un concierto. Pero bueno, es que no es un concierto, es un ensayo, es verdad. Aunque así también vosotros ensayáis para cuando vayáis a uno", bromea José Chino para tratar de caldear un ambiente que inevitablemente es fresquito, si bien terminaría subiendo de temperatura por pura inercia gracias a golpetazos certeros como 'Kevin McCallister', 'Ola de Calor', 'Puta Vida', 'Supersubmarina', 'En mis venas' y 'Cientocero'.
El ahora quinteto está fino, está suave pero contundente, y no dejan de mirarse y de sonreirse unos a otros, asintiendo constantemente. Tras hora y media, el público ha superado la timidez y ya ha decidido acercarse hasta colocarse a apenas un metro del escenario pero, como suele suceder en este tipo de citas, la música concluye cuando la parroquia está en su mejor momento. Pero ese es el truco, después de todo, para mantener las ganas latentes.
"El concierto tiene muchos colores, es muy desinhibido, es fácil que te vengas arriba pronto y te olvides un poco del resto de cosas que nos rodean. Es un sitio perfecto para desconectar y pasar un rato genial", asegura José Chino, quien además adelanta que las entradas para su tercera noche consecutiva en La Riviera madrileña están "cerca de agotarse".
Otro pequeño detalle 'sin importancia' que revela que Supersubmarina llegaron para quedarse y que todavía están cogiendo altura. O profundidad en su caso, si preferimos ponernos como meta alcanzar el más recóndito de los abismos marinos. Y eso que Baeza no tiene mar, qué cosas.