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Villa lidera a una España peligrosa e inteligente

Un inicio lleno de dudas. España se encontró a una Rusia enfrente desde el primer minuto empleándose muy fuerte en defensa y esprintando todos los balones en ataque.
Un gol a esas alturas y con La Roja tan descolocada hubiera sido letal, pero poco a poco y con paciencia, los españoles lograron empezar a imprimir su ritmo al encuentro.
Se trata de tocar, sí, pero no al tuntún. España no llega a pecar de excesivo sobeteo de balón; España mueve al rival moviendo la pelota, genera los huecos y se lanza a ellos con la velocidad de jugadores como o Iniesta, dos cuchillos calientes en mantequilla contra cualquier rival, con cualquier equipo, en cualquier minuto. Silva
Primera estocada
Pero nada se puede hacer en fútbol sin un matador del área. Y en este sentido, España goza de dos: Torres y Villa. Con un tercero incluido: su conexión.
El primer gol de la selección llega con una internada del fuenlabreño que, tras sortear a los rivales con coraje, mitad dribling, mitad empuje racial, cuando ya encaraba a Afinkeyev cedió con un toque suave para que Villa marcara a placer. Dos delanteros conjuntados valen por tres.
A partir del gol, España se sintió cada vez más cómoda. Competía ahora a los rusos jugarse los cuartos y empezar a arriesgar. De modo que, como manda la lógica del fútbol, las ocasiones españolas comenzaron a sucederse. Veinte minutos después, en el 43, Capdevilla entregó a Iniesta para que descolocara a medio equipo ruso con unas fintas criminales y asistir de nuevo a un Villa que no perdona nunca cuando se queda solo. Dos a cero, ya sólo quedaba disfrutar.
Luis, mariscal de campo
La segunda mitad tuvo un protagonista que no estaba dentro del perímetro de juego. Luis Aragonés no se confío por el hecho de tener el viento a favor. El primer sacrificado fue Torres, que salió por Cesc. Introdujo más toque en el centro del campo, más presencia, más empaque, y retiró un delantero. Fernando se fue triste por el cambio, era su partido cincuenta con la selección y esperaría celebrarlo con un tanto.
Después le tocó a otro de los protagonistas de la primera mitad, Iniesta. No es el albaceteño un pilar en defensa y la estrategia de la selección ahora pasaba por salir desde atrás. Cazorla, quien le sustituyó, estuvo a la altura en todo momento.
Más protagonista en este aspecto, aunque en un sentido más esperpéntico que estratega, fue Hiddink. Tras colarse en el campo para protestarle al árbitro, introdujo un cambio, Adamov por Bystrov, que era el jugador que había metido durante el descanso. Mala noche para el holandés, que pese a todo puede presumir de haber armado un equipo joven y muy aguerrido, por lo visto hoy.
Con España muy bien situada y jugando a placer llegó el tercero. El consabido y esperable contraataque, lo que se dice una jugada de tiralíneas iniciada por Cesc, llega a los pies de Villa y, tras recortar, anota con un disparo cruzado. Hat-Trick del asturiano: iguala a Alfonso como máximo goleador español en este torneo, y ha acallado en setenta y cinco minutos el insistente coro de plañideras que no cesaba de reclamar la presencia de Raúl en la selección.
Punto flaco
Este inicio esperanzador de una España que ya no hacía más que divertirse sobre el campo tuvo un jugador que rindió muy por denajo de su nivel habitual. Sergio Ramos tuvo como tres errores muy graves y, en sus subidas por banda, pecó de individualista. Por contra, Puyol y Marchena mantuvieron la entereza y, en el caso del catalán, mostrando su mejor nivel de juego en quizá un par de años. Senna, con un trabajo memorable, también achicó espacios atrás con éxito.
Gol de la honra y puntilla
En los últimos instantes del encuentro los rusos se batieron el cobre para no quedarse a cero. Justo premio a su buena disposición fue el gol anotado por el mejor de su equipo, Pavlyuchenko, en un corner. Es preocupante la debilidad de España en esta suerte. Así nos echó Francia en el Mundial, así nos acaban de marcar, en un saque de esquina mal rematado que la defensa no puede despejar y el balón le cae franco al delantero rival. Pero toda selección, hasta la Alemania de Beckenbauer, tiene un talón de Aquiles.
Casi al final, con el combinado ruso atacando con más corazón que cabeza, España armó otra contra letal, el balón bombeado de Villa -en una asistencia propia del mediocentro organizador más dandy- llegó hasta un Xavi que empotró la bolea que paró Afinkeyev. Acto seguido, el rechace llegó botando hasta la frente de Cesc Fabregas que por fin marcó con la Roja. Todos contentos. A canalizar la euforia en juego y a llegar lo más lejos posible.