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Vivir protestando a cuarenta metros de altura

Doney Ramírez lleva más de cuatro meses viviendo en la plataforma de una grúa a cuarenta metros de altura en la localidad madrileña de Pozuelo de Alarcón. Esta reivindicación extrema se ha convertido en uno de los símbolos de esta crisis económica.
En el centro del pueblo, frente al ayuntamiento, se levanta la reivindicación de este hombre que protesta porque su empresa, Estructuras Jigar, no ha recibido el pago por los trabajos realizados a otra empresa que les subcontrató, Ploder Uicesa, adjudicataria de las obras de remodelación de la plaza del ayuntamiento. Les deben 150.000 euros pero Ploder está en suspensión de pagos y continúa ejecutando el proyecto con una empresa de construcción portuguesa.
Así que Doney, colombiano afincado desde hace diez años en España, se subió para tomar el relevo de los compañeros que iniciaron la acción. Cuatro meses después, y a pesar de que su lucha se ha olvidado, él continúa: "Tengo fuerzas para resistir. Después de lo que pasado aguantaré hasta el final y el final es que nos paguen lo que nos deben. Es nuestro trabajo", lo relata a una cámara, que él mismo maneja, porque nadie puede subir ni bajar de la grúa. Una estructura metálica en torno al pie de la misma impide que nadie pueda acceder a él.
"He aguantado frío, nieve, lluvia, tormentas y ahora mucho calor", relata el obrero que lo que más lamenta es estar separado de su mujer y de sus tres hijos. "Por los que más sufro es por ellos. Tienen que estar aguantando esto sin tener culpa", los chavales acuden los fines de semana a visitar a su padre, le hacen señas desde abajo y le saludan: "hace mucho que no le veo la cara", explica Santi, "quiero que baje ya y que nos vayamos con él a la playa". Su esposa, María Eugenia, trabaja todo el día para sacar a la familia adelante: "hay muchas veces que pienso que no vale la pena tanto sacrificio", el desánimo lo compensa la fuerza de Doney que asegura que mantendrá su protesta hasta el final.
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