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Se acabaron los discursos

Francisco Rivera
La mejor noticia para Rivera Ordoñez es que está vivo. Ni exageraciones. Toreó pausado a un toro muy noble y definido de salida en una faena respetada pero que nunca rompió ni en eco ni en calor. También fue noble el cuarto al que toreo de forma limpia, pero sin arrebato, respetado por Sevilla, pero sin eco. Eso si, con el arresto de atacar bien con la espada después del milagro del primero.
Porque sólo dos toros fueron dulcemente tras la muleta, primero y cuarto. Porque el sexto puso emoción y fondo, embestidas fuertes y por abajo. Pero toro exigente el de Daniel Ruiz. Para apostar. Manseó en varas, es cierto, pero al recogerlo de capa Manzanares el toro había hecho el avión de forma continuada una y otra vez por los dos pitones. Fuerte se vino en banderillas y fuerte fue su fondo guardado que se fue definiendo en la lidia de ese tercio y en la apertura de faena del torero: por abajo y para adelante, por los dos pitones. Con poder el toro. Y el torero. Había marcado querencias el toro y se trataba de someter y tapar, evitar ventanas, que no parase, hacerlo por abajo y, además, esperar a que el fondo fuera real. Que no se rajara.
En el segundo muletazo el toro no tuvo el mismo recorrido que en el primero: había que llevarlo más. Poco a poco, Manzanares pasó del discurso (muletazos sueltos, dos, uno) a la acción, que es más creíble. Sin atacarlo del todo, pero ligando más, muy por abajo, en una de esas faenas que crecen y crecen y son esperadas. Largos los muletazos con la izquierda, uno acompañado con cintura cuerpo y pecho el viaje para adentro cumbre. Con el toro más definido, Manzanares atacó más, se la dejó más en la cara, lo buscó si se abría en el final de algunos pases, y el toro respondió con su buen fondo. Una estocada arriba lo apioló sin puntilla. Por poner algún pero, si suma no muletazo más en alguna tanda, la obra habría sido aún más rotunda. Buen discurso, mejor acción.
Juli aplicó de nuevo una lidia de crisis. Es decir, economía. A sus dos toros se les regaño en varas, sobre todo al quinto, pero ni por esas. Uno bajito y fuerte, hondo y de galope bueno, el segundo, fue toro de brindis pero no de finales. Lo había puesto en suerte con un toreo bueno a la verónica, mandó poco castigo, le empujó en los muletazos de inicio y se lo dejó venir desde la segunda raya hasta los medios. Pero no fue distancia para torear de inercia. En es tanda ya el primer pase era de mano baja y los otros cuatro de mano aún más baja y siempre por delante y hacia atrás. Y el toro se resintió. La segunda aún le dolió más y comenzó a no rematar los pases, a quedarse, a no seguirla. Por eso la faena fue de mucho a menos, muy bien rematada con la espada. Menos se le dio al quinto, un toro muy complicado que se vino siempre andando, con un gazapeo feo pues tras el primer pase se venía andando pero hacia el cuerpo, una y otra vez. Pues otra vez será. palante