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La 'ciudad del descanso' se hizo de la 'roja'

El estadio registró una media entrada. Foto: Reuterstelecinco.es
La bandera rojigualda en manos de aficionados al fútbol sudafricanos se vio en Rustenburgo, la 'ciudad del descanso', en el corazón de la sabana de Bushveld donde el fútbol es cosa de pobres, personas a las que su economía no permite pagar una entrada de fútbol, lo que provocó una triste imagen en las gradas del Real Bafokeng Stadium.
Rustenburgo, famosa por sus minas de platino, respira un fútbol diferente al occidental. En cualquier rincón de una ciudad agazapada entre las faldas de las majestuosas montañas de Magaliesburg, aparecen entre la magnitud de la sabana africana dos porterías que apenas se mantienen en pie. Un balón creado con cualquier tipo de material golpeable. Un grupo de niños negros que, con o sin calzado, disfrutan de lo que llaman "soccer".
Los blancos prefieren el rugby o el criket. Entre la población negra, la humilde, el fútbol se impone. Conocen a los internacionales españoles, a Fernando Torres por encima de todos y al barcelonista Xavi Hernández. El autor del gol de la final de la Eurocopa y al mejor jugador del evento. El éxito de Viena proyectó la imagen de España hasta el rincón más escondido del planeta.
En una ciudad que entremezcla la pobreza extrema con el bienestar de unos pocos elegidos a los que se les distingue a distancia por sus coches, por sus chalets alejados de las barracas donde se aloja la mayoría de los 400.000 habitantes, la camiseta oficial del Barcelona se puede comprar en el mercado local de taxi rank. Un lugar donde el blanco pasa por extraño. Nadie de allí puede pagar una entrada para ver el debut de España.
Los 70 rands (6 euros) a 700 (65 euros) entre los que oscilaban las entradas no eran accesibles para la mayoría en un país como Sudáfrica en el que el sueldo medio ronda los 100 euros.
El aspecto del Real Bafokeng, estadio cuyo nombre deriva por el pueblo Bafokeng donde la tribu bakwenaque ganó en 1999 una batalla legal por la propiedad del platino que se extrae de sus minas, fue desolador. Apenas 10.000 espectadores pese a que la capacidad era de 42.000. Los españoles no superaban la veintena. Ningún familiar de los jugadores. Todos los sudafricanos enamorados del fútbol de la 'roja'.
Tras dos días soleados, cayó la noche y bajaron las temperaturas cuando España saltó a calentar. 15 grados pero una sensación térmica mucho menor que no impidió los bailes sudafricanos, el aliento a España y la celebración de cada uno de los cinco goles que marcó en su debut. Será diferente cuando en unos días llegue el duelo ante la anfitriona pero, de momento, la 'ciudad del descanso' se decantó por el buen fútbol, que se vistió de rojo.