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Hirst y Emin son tratados como "famosos" al igual que Amy Winehouse

El llamado "BritArt", grupo de artistas británicos lanzados por el coleccionista Charles Saatchi a comienzos de los años 90, sobrevive hoy como "marca", según Julian Stallabrass, profesor de arte contemporáneo en el Instituto Courtauld, de Londres.
Damien Hirst o Tracey Emin se han convertido sobre todo en "celebrities" (famosos) y son tratados como tales por los medios de comunicación británicos, explica a Efe Stallabrass, autor de un libro crítico de ese movimiento titulado "High Lite Art" (Edit. Verso).
De Tracey Emin, la artista que convirtió su cama sucia y sin hacer en una obra de arte y que ha hecho de sus traumas y obsesiones sexuales un espectáculo público, "se habla hoy como puede hablarse de la cantante Amy Winehouse", agrega.
Según Stallabrass, el "BritArt" fue una respuesta de un grupo de estudiantes del Golsmiths College londinense a los efectos culturalmente devastadores de los gobiernos conservadores de Margaret Thatcher y su sucesor, John Major, a la falta de interés de las galerías comerciales.
Los miembros de ese grupo hicieron un tipo de arte que no precisaba del público conocimientos especiales sino que era muy directo y fácilmente accesible, lo que, con ayuda de los medios de comunicación, contribuyó a su rápida popularidad.
Emin, Hirst, Gavin Turk, Sam Taylor-Wood, Marcus Harvey y otros supieron conectar con un público que nunca antes se había interesado por el arte y que había despreciado tradicionalmente las llamadas "artes visuales", afirma Stallabrass.
Tuvo también su importancia en el lanzamiento del fenómeno el que se le diera una etiqueta nacional, "Joven Arte Británico", como puede hablarse ahora, por ejemplo, de arte indio o chino, utilizando "clisés" que son en realidad "estrategias de mercado" para llegar a los coleccionistas.
En opinión de Stallabrass, el Nuevo Laborismo "acabó con el BritArT" ya que éste tenía una cierta carga crítica frente al thatcherismo, que terminó perdiendo.
Los laboristas de Tony Blair y Gordon Brown quisieron atribuir al arte un papel "positivo", veían en él un agente social de inclusión con efectos terapéuticos.
Pero el arte que hacían Hirst, la pareja Gilbert and George, Emin y otros del grupo "no es moralmente edificante ni apropiado para tales objetivos", explica el experto británico.
Para el Nuevo Laborismo, ese arte básicamente conceptual formaba parte del fenómeno más global de las llamadas industrias creativas, como el diseño, la publicidad, el marketing, productos perfectamente exportables, que debían sustituir a las casi desaparecidas industrias tradicionales como la del automóvil.
Hoy parece dominar el arte espectáculo, fácil de comercializar y que "se presta además muy bien como objeto de conversación", señala el profesor del Instituto Courtauld, que se refiere también a los "gags visuales" como los del artista graffitero conocido como Banksy, del que dice que "aplica técnicas publicitarias" a objetivos políticos.
Pese a todo, Stallabrass cree que los Jóvenes Artistas Británicos tuvieron un papel positivo y cambiaron radicalmente el panorama cultural del Reino Unido ya que lograron acabar con la indiferencia del público inglés hacia el arte contemporáneo.