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El escritor Javier de la Rosa premiado en Roma por una poesía dedicada a su niñez lagunera

El escritor Javier de la Rosa. EFE/Archivotelecinco.es
El escritor Javier de la Rosa recibirá el 5 de julio en Roma la mención especial del jurado del I Concurso Internacional de Literatura "Profumo di marzo" por su poema "Nostalgia de la vega", en el que recrea su niñez de huertas, tejados y enredaderas de olores perfumados en La Laguna, su ciudad natal.
Javier de la Rosa detalla, en una entrevista a Efe, que la nostalgia fue el sentimiento que "enteramente" le inspiró este poema, aparecido hace algún tiempo en un libro editado por el Ayuntamiento de La Laguna y que está dedicado a las calles y la vega de esta ciudad tinerfeña.
El poemario le ha dado "un resultado enorme" al autor de "Galdós enamorado" aunque no es el libro suyo que más le gusta, según confiesa.
Y curiosamente un poema de este libro le ha deparado la mención especial del jurado de este certamen italiano a pesar de que De la Rosa jamás ha sido "concursero pese al bombardeo" de convocatorias que recibe.
Sin embargo el escritor y poeta se decidió a presentar la obra después de que, inesperadamente, mientras navegaba por internet descubrió una página en la que se leen poemas "a viva voz" y uno de ellos era "Nostalgia de la vega".
Sin pensárselo dos veces lo tradujo al italiano en la misma página de internet, lo imprimió y lo envió a la primera edición de este concurso internacional fundado por la escritora Herminia Guaschino con el patrocinio del Instituto de Cultura "La Fenice" y el auspicio de la Academia Vesuviana de las Letras de Italia, que dirige Gianni Iannuale.
Javier de la Rosa recrea en "Nostalgia de la vega" su niñez lagunera, justo al lado de la Iglesia de la Concepción, con jazmines y olores a ciruelas de un color "aperlado", duraznos, perales y hierba luisa, así como zapoteros "antiguos" con el tronco "resbaladizo y brillante, como abetunado".
Era un tiempo de casas abiertas y una atmósfera "propia, montaraz", pues La Laguna era una mezcla de ciudad y campo y cada casa tenía su huerta.
"Desde La Concepción veías los tejados hasta el mar y al fondo se distinguía Gran Canaria, y cuando esta isla se veía muy clara era que iba a llover", rememora el poeta.
La Laguna de su niñez "no es ni la sombra de lo que es hoy" aunque la ciudad ha mejorado, pues sus palacetes y calles estaban muy deteriorados y ahora las casas señoriales han sido remozadas, reconoce.
En el poema galardonado en Roma -"mi ciudad favorita"- recupera no obstante un tiempo en el que había tranvías y guaguas en la plaza de La Concepción y por ella transitaban "lecheras y magas con lonas en los pies, se compraba carburo en las ventas y los latoneros remendaban los cacharros de la cocina".
De hecho, en el poema introduce modismos de la época, como "viejas bigotudas" y "pretóleo" en lugar de petróleo, que han sido traducidos al italiano con sus propios giros, señala el autor del poemario dedicado al primer santo canario, "Hermano Pedro de Vilaflor. La gruta de Dios".