Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar nuestros servicios, analizar y personalizar tu navegación, mostrar publicidad y facilitarte publicidad relacionada con tus preferencias. Si sigues navegando por nuestra web, consideramos que aceptas su uso. Puedes cambiar la configuración u obtener más información aquí.

Más allá del mito, Onetti era un escritor apasionado, defiende una experta

La directora del Centro Cultural de España en Montevideo (CCE), Hortensia Campanella,  durante una entrevista acerca de la vida y obra del escritor Juan Carlos Onetti. EFEtelecinco.es
Juan Carlos Onetti tenía muy claro qué significa ser escritor: "alguien que siente la necesidad de escribir y que escribe porque siente esa pasión", dice Hortensia Campanella, experta en el autor de "El pozo" y una de las promotoras de las actividades que celebran el centenario de su nacimiento.
Campanella, directora del Centro Cultural de España en Montevideo, mantuvo una gran amistad el escritor uruguayo y eso se advierte en el entusiasmo con el que lo recuerda, "un clásico, uno de los grandes de la lengua en español", que "creó un mundo completamente original", comenta.
En entrevista con Efe, Campanella, también autora de la última biografía sobre otro de los grandes de las letras uruguayas y latinoamericanas, Mario Benedetti, derriba algunos de los tópicos y mitos tejidos en torno a Onetti, quien la próxima semana, el 1 de julio, habría cumplido cien años.
Onetti (Montevideo 1909-Madrid 1994) en realidad "era muy consecuente", la "pose" de escepticismo y despecho hacia todo lo que no fuera su mundo interior "tenía que ver con una concepción muy seria de lo que es la literatura y lo que es ser escritor".
"Él decía: 'escribo porque siento necesidad. Para mí escribir es vivir', y en ese sentido lo que estaba alrededor, lo que podía ser cierto desprecio con todo lo que tiene que ver con el mundo editorial, etc., estaba en consonancia", explica.
Aunque en la intimidad, destaca Campanella, él "decía que escribía para sí mismo", que "no le importaban las críticas" y "las leía para burlarse", en realidad, adoraba "que la gente lo leyera".
Campanella es la editora de las Obras Completas de Juan Carlos Onetti, publicada por Galaxia Gutenberg-Círculo de Lectores, cuyos dos primeros tomos, que reúnen las novelas del escritor, ya salieron al público y cuyo tercer volumen ve la luz en coincidencia con la celebración del centenario.
En este tercer tomo se incluyen los artículos publicados en la prensa, textos variados y cuentos, entre los que se incluyen varios inéditos como "El último viernes", cuyo manuscrito fue donado recientemente a la Biblioteca Nacional de Montevideo por María Isabel Onetti, la hija del autor de "Cuando no importe".
En la tercera parte de las obras completas de Onetti se puede percibir, señala Campanella, su reflexión sobre la sociedad y sus problemas, y al leerla se derriba el mito de que en sus últimos años en España fue un hombre amargado y encerrado en sí mismo.
"Era una persona muy interesada por lo que pasaba alrededor. Hablaba de política española al detalle, de los chismes, las opiniones", y leía diariamente los diarios, tanto españoles como uruguayos, y alguno que otro francés, como Le Monde, destaca la especialista.
No obstante, sonríe Campanella, también es cierta esa afición suya a las novelas policiacas, incluso "las malísimas que Dolly (Dorothea Muhr, su cuarta esposa y con quien se exilió en España, en 1975, huyendo de la dictadura en su país) le compraba por kilos en la Cuesta del Mollano", una calle madrileña famosa por sus puestos de libros usados.
La directora del Centro Cultural de España recuerda al escritor leyendo novelas negras tumbado en la cama, fumando y apoyado en un codo.
"Según leía, rompía las páginas y las tiraba a la papelera" que tenía junto a él, con total parsimonia y circunspección, rememora Campanella.
Onetti "era una persona muy lúcida intelectualmente" y lo fue "hasta el final", agrega la experta.
"Siempre me revelo contra ese tópico de que estuvo cuatro años en la cama, que no es cierto. Sí lo es que dos años antes, más o menos, tuvo un percance de salud complicado, una mala inyección y una infección que le hizo mucho daño en una pierna y estuvieron a punto de cortársela", explica.
Para sanar "estuvo un tiempo ingresado y desde ese momento se quedó cada vez más" en la casa, pero antes no era así, reitera Campanella.
"En 1993 y parte de 1994 fue cayendo en una cierta depresión, de la cual salía y venía", entonces "sí se quedaba dentro de la cama", pero "no cuando no estaba deprimido". Entonces, "era el Onetti normal que yo conocí en 1978", el "humorista" e "irónico", insiste la autora.