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El Palacio Real muestra el esplendor de la edad de oro de la relojería atesorada por la monarquía española

El Palacio Real de Madrid muestra el esplendor de la edad de oro de la relojería, atesorada por la monarquía española durante el siglo XVIII, en una exposición que estará abierta desde este martes hasta el 15 de enero y que saca a la luz más de 50 piezas pertenecientes a la colección de Patrimonio Nacional.
Entre ellas, destaca la cedida por el Rey don Juan Carlos de su colección particular: un reloj de bolsillo fechado en 1660 cuya caja está decorada por fuera con retratos en miniatura de la familia de Felipe IV y por dentro con un retrato ecuestre de Felipe V.
Según ha recordado este lunes la comisaria de la exposición, Amelia Aranda, lo que se ha querido ofrecer al visitante es una "visión histórica" de esta colección y su relación con los monarcas del siglo XVIII, verdaderos amantes de los relojes.
La muestra, que comienza y finaliza con dos relojes "Planetarios" cuenta con piezas de excepción como un reloj de sobremesa "esqueleto" de Manuel Gutiérrez que deja al descubierto su maquinaria; reloj de sobremesa astronómico "Las cuatro fachadas" de la escuela inglesa; relojes de sobremesa Bracket (varias piezas, "Diana" y el "Planetario"; o reloj-jaula que compró Carlos IV para la Casita del Príncipe de El Escorial.
MÁS DE 700 RELOJES
La colección de relojes de Patrimonio Nacional está formada por unas 720 piezas y está considerada la más importante a nivel mundial. Es resultado de las adquisiciones realizadas por los monarcas españoles a los más afamados maestros relojeros europeos y todas las piezas están en perfecto estado de conservación gracias a los artesanos del Taller de Relojería ubicado en el Palacio Real.
La comisaria ha recordado que uno de los principales motivos para la adquisición de relojes fue la decoración del Palacio Nuevo (Palacio Real), las casas de campo de El Pardo y El Escorial y, particularmente la Casa del Labrador en Aranjuez. Destacan relojeros de la talla de Juan Kelly, Lorenzo Tarsis y Boucher de Sant Martin y Francisco Luis Godón, proveedor francés establecido en Madrid y el más famoso de todos.
La exposición se articula en cuatro apartados: 'La colección de relojes de Felipe V'; 'Caprichos e ingenios de Fernando VI'; 'Carlos III y la Real Fábrica de relojería de Madrid' y 'Carlos IV, el rey relojero'.
Para decorar sus palacios, Felipe V reunió un singular y valioso conjunto de relojes de factura inglesa. Su relojero de cámara fue el británico Thomas Hutton aunque no desdeñó piezas de otras facturas y fábricas.
Su hijo, Fernando VI continuó su legado adquiriendo piezas de otras escuelas. Llegaron a España los primeros relojes suizos y el primer reloj con autómatas. Carlos III, su hermano, intentó establecer una escuela de relojería en la Corte y promovió a los hermanos Charost con la creación de una escuela-fábrica de relojería capaz de competir con la industria francesa.
EL REY RELOJERO
Sin embargo, si hubo un monarca particularmente apasionado por los relojes ese fue Carlos IV a quien se le conocía como el "Rey relojero". Llegó incluso a montar su propio taller donde trabajaba sus propios modelos. También adquirió relojes de gabinete, enriqueciendo la colección y proporcionando nuevos ejemplares exponentes de una nueva relojería europea.
Esta afición la compartía también su esposa, María Luisa de Parma, que eligió para su dormitorio un excelente reloj "esqueleto" fabricado por Manuel Gutiérrez, otro de sobremesa firmado por Dubuc y el que encargó a Manuel de Rivas, el monumental reloj de la Sala de Billar de la Casa del Labrador de Aranjuez.
Junto a estas delicadas piezas, la exposición cuenta también con un audiovisual en el que se muestran aquellos relojes que, por su tamaño y envergadura (algunos alcanzan los tres metros), no se han movido de su actual ubicación.