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Zuloaga y Falla se reencuentran en la Alhambra en una muestra que profundiza en su amistad y proyectos comunes

El compositor Manuel de Falla y el pintor Ignacio Zuloaga, que mantuvieron una profunda amistad, se han vuelto a reencontrar en la Alhambra gracias a una exposición que recorre, a través de más de 150 piezas, la relación personal que existió entre estos artistas de la primera mitad del siglo XX y los principales proyectos que desarrollaron en común.
Se trata de la muestra 'Zuloaga y Falla, una historia de amistad', que podrá visitarse hasta el 18 de septiembre en la Sala de exposiciones temporales del Museo de Bellas Artes de Granada, en la planta superior del Palacio de Carlos V, y que ha sido presentada este jueves por la consejera de Cultura, Rosa Aguilar.
La consejera se ha referido a los protagonistas de la muestra como "un gaditano de cuna y granadino de adopción, y un guipuzcoano que amaba profundamente Andalucía" y ha destacado de ellos que "fueron dos artistas que se enriquecieron mutuamente, que compartieron talento y saber para crear, lo que les permitía crecer juntos, porque cuando se comparte, se suma y se multiplica".
Aguilar ha destacado la presencia en la muestra de Cervantes, a través de la obra 'El retablo de Maese Pedro', ópera de títeres en la que trabajaron juntos Falla y Zuloaga e inspirada en un episodio del 'Quijote'.
Para Aguilar, esta exposición "muestra creatividad, compromiso y complicidad, la complicidad constante entre Falla y Zuloaga, y además habla de amistad, con mayúsculas. También habla de esa cultura que nos hace más libres y es la expresión de esa cultura que se acerca a la ciudadanía para que la ciudadanía la haga suya, la disfrute y la comparta, como hicieron los dos artistas que aquí se muestran.
Junto a la consejera, al acto han el alcalde de Granada, Francisco Cuenca; la creadora del Museo Ignacio Zuloaga-Castillo de Pedraza, María Rosa Suárez Zuloaga, nieta del artista, y la directora del Archivo Manuel de Falla, Elena García de Paredes, sobrina nieta del músico, entre otros.
RECORRIDO CRONOLÓGICO
La muestra realiza un recorrido cronológico (1913-1939) por el trabajo conjunto de estos dos excepcionales creadores a través de la documentación epistolar, fotográfica y periodística y la obra plástica de Zuloaga y musical de Falla con el fin de contextualizarlo en su época histórica, un "extraordinario periodo de la modernidad artística". En total, más de 150 de piezas, entre las que destacan una treintena de obras de Ignacio Zuloaga.
La exposición cuenta con piezas prestadas por el Museo Ignacio Zuloaga-Castillo de Pedraza y el Archivo Manuel de Falla, además de otras procedentes del Museo Centro de Arte Reina Sofía, el Nacional del Teatro de Almagro, el Ayuntamiento de Granada, el Patronato de la Alhambra y Generalife, el Instituto Cervantes de París, el Museo de Arte Nacional de Cataluña y el Bellas Artes de Bilbao, además de coleccionistas particulares.
Las investigaciones indican que posiblemente Manuel de Falla (1876-1946) e Ignacio Zuloaga (1870-1945) se conocieron en París, en 1910, pero no es hasta 1913 cuando existe una prueba documental de su relación.
Es en esta fecha cuando arranca el recorrido de la exposición, con la carta en la que el compositor solicita ayuda y consejos de su amigo pintor para la puesta en escena de La vida breve. Tras este primer contacto, ambos mantienen una relación epistolar a través de la cual "se traslucen los éxitos, los fracasos, las inquietudes sociales y políticas, las ilusiones, los problemas familiares y, sobre todo, la forma de ver la cultura española y el arte de estos dos magníficos creadores", ha explicado José Vallejo, uno de los comisarios de la exposición.
Zuloaga y Falla se encuentran en París, Madrid y Granada, entre otras ciudades a lo largo de dos décadas. Su relación de amistad les anima a trabajar juntos en varios proyectos, como la inauguración en 1917 de unas escuelas populares en Fuendetodos, la casa natal de Francisco de Goya (1746-1828). Falla asistió y participó en los actos de inauguración tocando el armonio en la iglesia parroquial, buscando inspiración para la composición de su jota final del Sombrero de tres picos.
Su amistad les anima también a trabajar juntos en un proyecto en el que música y escena cuentan con la dirección de los dos, propósito que tardará quince años en formalizarse con la representación de El retablo de maese Pedro en la Ópera Cómica de París, en 1928. El retablo es la culminación profesional de la colaboración entre los dos autores. Fue el proyecto conjunto de mayor envergadura. Es una obra musical para personajes y títeres que explora el mundo del teatro dentro del teatro, con libreto inspirado en un episodio de El Quijote, y es una de las creaciones más destacadas y reconocidas del compositor. En 1923 se estrenó en Sevilla en versión concierto y en París, en versión escénica.
Además, durante 20 años, colaboraron juntos en diversos proyectos, la mayoría con un interés social. Entre ellos, destacan el Concurso de Cante Jondo de Granada, organizado por Falla, Lorca y Fernando Vílchez, en 1922; la exposición de Zuloaga ese mismo año en el Museo de Meersmans de Granada. El último encuentro entre los dos artistas tuvo lugar en 1932, cuando Falla se aloja en casa de Zuloaga en Zumaya antes de su viaje a Argentina, donde muere en 1946, un año después que su amigo. Una carta de despedida definitiva desde este país es un adiós que ellos saben definitivo.