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El miedo a la excesiva deuda enciende las alertas sobre los bancos

Si no creces, no pagas. Una máxima de la economía que pesa ahora y mucho ante los elevados endeudamientos de países y empresas. El dinero barato con el que los bancos centrales han tratado de reanimar la economía, sin lograrlo aún al menos en Europa, ha tenido también un efecto demoledor sobre la deuda. Durante la crisis las ocho grandes economías del mundo han visto como su deuda crecía más de un setenta por ciento. La crisis energética, con el petroleo muy barato, y el menor crecimiento chino han afectado directamente a los países emergentes, algunos ya en recesión. Y gran parte de la deuda está radicada en estos países, de ahí el pánico de los inversores a que no puedan afrontarla porque supondría además un batacazo sobre el sistema financiero. Otra variable nada desdeñable es la tremenda desigualdad, que impide también el necesario crecimiento de las economías. Así pues, se imponen, según los expertos, políticas que ataquen la desigualdad y apuesten por estimular la economía. Porque si no crecemos, no pagamos.