Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar nuestros servicios, analizar y personalizar tu navegación, mostrar publicidad y facilitarte publicidad relacionada con tus preferencias. Si sigues navegando por nuestra web, consideramos que aceptas su uso. Puedes cambiar la configuración u obtener más información aquí.

La ONU tratará de aportar una voz propia a la solución de la crisis global

Desarrollados y en desarrollo mantienen profundas discrepancias sobre las medidas que se deberían adoptar para afrontar esta crisis, lo que abre la posibilidad de que la cita concluya sin un acuerdo significativo. EFE/Archivotelecinco.es
La Asamblea General de la ONU inicia mañana una cumbre económica de tres días con la intención de aportar propuestas propias a la búsqueda de soluciones a la crisis financiera global y establecerse como un foro alternativo a grupos como el G-8 o el G-20.
A la reunión, que se prolongará hasta el 26 de junio, asistirán los jefes de Gobierno o vicepresidentes de más de 20 naciones, entre los que se encuentran los presidentes de Ecuador, Rafael Correa, y de Bolivia, Evo Morales.
Los países más industrializados, sin embargo, tienen previsto enviar delegaciones de bajo nivel debido a su insatisfacción con la organización de la cumbre y las profundas desavenencias sobre el contenido de su documento final.
Desarrollados y en desarrollo mantienen profundas discrepancias sobre las medidas que se deberían adoptar para afrontar esta crisis, lo que abre la posibilidad de que la cita concluya sin un acuerdo significativo.
Precisamente la falta de consenso ha sido una de las razones que obligaron a posponer la celebración de esta cumbre, que originalmente debía de haberse celebrado del 1 al 3 de junio.
El presidente de la Asamblea General de la ONU, el nicaragüense Miguel D'Escoto, aseguró hoy que los negociadores del documento final han alcanzado un acuerdo, pero que el texto todavía no ha sido respaldado por todos los 192 países que conforman el organismo.
"Esperemos y recemos para que esta cumbre esté a la altura de la crisis", dijo en una conferencia de prensa en las Naciones Unidas.
El ex canciller sandinista resaltó que la cita tiene como objeto analizar la adopción de medidas para mitigar el impacto de la crisis en los países pobres y estudiar posibles cambios en la arquitectura financiera internacional.
"La cuestión no es si poner más o menos regulaciones, sino el papel que la economía debe desempeñar en la vida de los seres humanos", apuntó.
D'Escoto defendió la necesidad de que la Asamblea General, a la que definió como el "G-192", sea uno de los foros en los que se debatan las soluciones a la crisis económica global, particularmente en relación a los países menos desarrollados.
"Aquí no estamos preocupados solamente por el bienestar de algunos, sino que nos preocupa el de todos", resaltó.
El presiente de la Asamblea General aseguró no sentirse decepcionado por los grandes cambios efectuados al borrador del documento final que hace un mes entregó a las delegaciones para que empezaran las negociaciones.
Numerosos países, particularmente los occidentales, objetaron que el texto contenía propuestas demasiado radicales para transformar la arquitectura financiera global, que se ajustaban más a la ideología socialista de D'Escoto que a un plan de reformas aceptable para los 192 miembros de la ONU.
El economista malayo Martin Khor, director del centro de investigaciones South Center de Ginebra, señaló el lunes que las diferencias sobre el documento final giraban en torno a las reformas de las instituciones financieras multilaterales y la creación de mecanismos que supervisen el cumplimiento de los cambios adoptados en la cumbre.
Los países menos desarrollados apuestan por darle un mayor protagonismo a la ONU en la arquitectura financiera internacional y favorecen un mayor marco regulador global de vehículos y productos financieros, como los fondos de inversión de alto riesgo.
Estas propuestas tienen como punto de partida el informe sobre la crisis presentado el pasado marzo a la Asamblea General por un grupo de economistas que encabeza el premio Nobel estadounidense Joseph Stiglitz.
Entre las medidas que contempla ese grupo está la sustitución del dólar como la moneda de comercio internacional y el reemplazo del G-20 por un nuevo Consejo Económico Global en el que se incluyan los intereses de todas las economías del planeta.
Además, esos economistas apuestan por imponer restricciones internacionales que eviten el aumento desmesurado de los bancos y la adopción de límites en las transacciones bancarias a los paraísos fiscales.