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Wen Jiabao admite que la corrupción en China es un "grave problema"

La corrupción gubernamental en China "sigue siendo un grave problema" en algunas áreas geográficas y departamentos del régimen comunista, admitió hoy el primer ministro, Wen Jiabao, en su discurso anual sobre la labor del Gobierno durante el 2008.
Ante 2.985 legisladores de la Asamblea Nacional Popular (ANP, el máximo órgano legislativo), Wen aseguró que China redoblará sus esfuerzos con el fin de promover un Gobierno "limpio" y combatir la corrupción.
El país debe centrarse, añadió el primer ministro, en estandarizar las instituciones y "limitar el ejercicio de poder", "evitando y castigando la corrupción desde la base".
El primer ministro señaló que los corruptos serán castigados "de acuerdo con la ley".
En China, los delitos de corrupción a gran escala pueden ser penados con sentencia de muerte, aunque en muchos casos la pena es suspendida durante dos años y conmutada a cadena perpetua si el condenado muestra en ese tiempo buena conducta y arrepentimiento.
El enriquecimiento de muchos líderes comunistas, en ocasiones ilícito, es una de las principales fuentes de descontento de los ciudadanos chinos hacia el régimen que gobierna el país desde 1949.
Pekín, consciente de ello, lleva a cabo campañas para castigar de forma ejemplar a altos cargos culpables de sobornos o prevaricación.
Al respecto del descontento social, Wen reconoció que la estabilidad de la sociedad "se ha convertido en una gran preocupación en China", especialmente en este año 2009, que calificó como "el más difícil para el desarrollo económico del país".
En este sentido, el primer ministro señaló que Pekín mejorará el sistema de prevención de "incidentes de masas" tales como protestas o manifestaciones violentas, que China teme aumenten en este año de crisis.
Para frenar el descontento social, aseguró Wen, los altos cargos comunistas están conminados a "dar prioridad a asegurar el bienestar de la gente y promover la armonía social".
La palabra "estabilidad" fue nombrada 12 veces en el discurso de Wen, que, impreso en papel, ocupó 44 páginas.