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El microcrédito, ideado para países pobres, se expande en EE.UU. por la crisis

La crisis crediticia que ha sacudido a EE.UU. en el último año ha aumentado las dificultades de los pequeños empresarios para conseguir financiación y animado a las organizaciones especializadas en microcréditos a aplicar modelos que ya funcionan con éxito en países en vías de desarrollo. EFE/Archivotelecinco.es
Sonia y su marido están a punto de lograr su sueño de expandir su negocio, una pequeña ferretería de barrio, gracias a los microcréditos, aunque esta pareja no vive en Ruanda ni en El Salvador, sino en Nueva York.
Como millones de personas en países del Tercer Mundo, Sonia y su marido se van a beneficiar del éxito de estos préstamos para personas sin acceso a los bancos comerciales, que tanto ha ayudado a las economías más desfavorecidas, y que ahora se abre camino en el Primer Mundo.
La crisis crediticia que ha sacudido a EE.UU. en el último año ha aumentado las dificultades de los pequeños empresarios para conseguir financiación y animado a las organizaciones especializadas en microcréditos a aplicar modelos que ya funcionan con éxito en países en vías de desarrollo.
Grameen America, una división del Banco Gremeen del premio Nobel de la Paz Muhammad Yunus, llegó a EE.UU. hace un año y, a la vista del éxito logrado, acaba de abrir una nueva delegación en Nebraska para ayudar principalmente a la comunidad inmigrante de la zona.
La organización ha concedido créditos por valor de 1,5 millones de dólares a pequeños empresarios estadounidenses y en unos cuantos años espera estar presente en los 50 estados del país.
Kiva, una organización con sede en San Francisco que lleva varios años coordinando microcréditos a pequeños empresarios del Tercer Mundo, ha empezado este mes a operar en EEUU.
"Algunos de nuestros prestamistas nos habían comentado que querían ayudar a personas locales", dijo a Efe Fiona Ramsey, portavoz de Kiva. "Era el momento adecuado porque para los pequeños empresarios estadounidenses es ahora mucho más difícil conseguir créditos".
A través de su sitio en internet, Kiva media entre los empresarios y todo aquel que quiera realizar una aportación de al menos 25 dólares.
Los prestatarios explican en la web los detalles del proyecto y el plazo en el que devolverán el préstamo.
El prestamista recupera su capital sin intereses y puede optar por invertirlo en otro proyecto o donarlo a Kiva, que en EE.UU. opera a través de Opportunity Fund y Acción USA, dos instituciones especializadas en microcréditos.
Entre la treintena de pequeños empresarios en la página de Kiva dominan los de origen hispano -en torno al 85 por ciento, según Ramsey- y se trata siempre de personas que por sus circunstancias personales no pueden acceder a préstamos de bancos convencionales.
María, de San Francisco, necesita 8.000 dólares para abrir una guardería en su casa y ya ha recaudado un 53 por ciento de esta cantidad. Carlos, de Queens, en Nueva York, pide 5.750 dólares para su negocio de mensajería a Ecuador y aún le faltan unos 3.000 dólares.
Los prestamistas suelen residir también en EE.UU., pero proyectos como Kiva hacen que a veces sea el Sur el que ayuda al Norte.
"Una de nuestras contribuyentes es una mujer de Kenia que quería ayudar a algún pequeño empresario en EE.UU.", cuenta Ramsey. "Podía haber elegido a alguien en su país, pero dijo que África había recibido tanta ayuda que le parecía lógico devolver parte de ella".
Pese a la crisis crediticia en EE.UU., estas organizaciones se enfrentan al problema de que los potenciales prestamistas sientan que el dinero sigue haciendo más falta en el Tercer Mundo y destinen allí sus fondos.
"Será interesante ver si alguien en el sur de Los Ángeles consigue antes un crédito que un pequeño empresario del sur de Sudán", reconocía Premal Shah, presidente de Kiva, con motivo del inicio de las operaciones de la organización en EE.UU.
Y aunque se esperan altas cuotas de devolución de los préstamos semejantes a las registradas en el Tercer Mundo, algunas organizaciones temen que el sistema de microcréditos no funcione igual de bien el los países más industrializados.
El modelo se basa en que los fuertes lazos comunitarios en estos países sirven de garantía para la evolución del dinero, pero sociedades como la americana son mucho más individualistas.
"En Latinoamérica y Asia tienen una comunidad generación tras generación, pero aquí la gente no conoce ni al vecino de al lado", lamentaba Shah Newaz, director del programa de Grameen America en Queens, Nueva York.