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La quiebra del orgullo comunista

Raúl Castro ha anunciado tiempos duros para Cuba. Foto:EFEtelecinco.es
Por eso el propio presidente de la isla, Raúl Castro, ha anunciado tiempos duros y ha pedido austeridad. Y aun así, el ministro de Economía, José Luis Rodríguez, se ha atrevido a vaticinar un crecimiento del 6 por ciento en 2009. ¿Cómo? Ha dicho el propio Rodríguez que gracias a la ampliación de acuerdos económicos con la amiga Venezuela y otros países como Brasil, Rusia y China. También se han anunciado reformas, las más importantes en la agricultura y la política salarial, para intentar acabar con una escasez que empieza a ser extrema entre la población, a la que ya no le llega ni la cartilla de racionamiento.
Desde que en 1978 China iniciara su reforma y apertura ha venido creciendo a un vertiginoso promedio de un 10 por ciento anual hasta convertirse en la tercera economía del mundo y en una nación en la que todavía conviven las formas más arcaicas del comunismo con unas claras aspiraciones capitalistas. O viceversa.
Para 2009 algunas previsiones, como la del Royal Bank of Scotland, hablan de un desarrollo del 5 por ciento; las más optimistas, las del Banco Mundial, confían en llegar al 7,5 por ciento. Y el Partido Comunista Chino sigue empecinado en sus ocho puntos. Aquí, y aunque en principio se viese como algo ajeno, el tsunami financiero a escala global sí ha sido uno de los principales motivos del freno del ambiguo sueño chino. Estados Unidos, principal cliente y deudor -sólo tras la Unión Europea- de un país que es lo que es gracias, sobre todo, a lo que vende en el exterior, ya ha reducido drásticamente sus compras en el mercado chino. Por eso, Zhou Xiaochuan, presidente del banco central de China, ha advertido de que hay que prepararse para "el peor de los casos".
 
China: el gigante también se tambalea
Quien también ha empezado a mostrar signos de debilidad es el gigante asiático: China. El Gobierno de Pekín, obsesionado en mantener una tasa de crecimiento anual de al menos un 8 por ciento, auguró que en 2008 esta sería de casi un 12 por ciento: todo parece indicar que no llegará ni a esos fascinantes ocho puntos. Las importaciones se han reducido en un año un 21,3 por ciento  y las exportaciones, principal índice del milagro chino, registraron un descenso del 2,8 por ciento, según los últimos datos oficiales.